jueves, 19 de marzo de 2009

52. Fotografía denuncia y confidencialidad.

Ya desde los primeros momentos de la aparición de la fotografía y su primera utilización en el campo de la psiquiatría, hubo quien llamó la atención sobre los posibles riesgos para el individuo derivados de una mala utilización de las imágenes tomadas durante su ingreso psiquiátrico.

Legrand de Saulle, en su alocución a la sociedad médico psicológica francesa el 27 de abril de 1863 sobre la aplicación de la fotografía en el estudio de las enfermedades mentales, defendió su utilidad para el estudio fisonómico de los enfermos y de los cambios observables a lo largo del tiempo. Aún así señala una serie de objeciones morales, siendo la primera de ella la relativa al secreto profesional que reconoce obliga al médico, pero dudando si esto sucede así para el fotógrafo, con lo que se correría el riesgo de que alguna imagen pudiera filtrarse al exterior del hospital.


Extracto del artículo de Legrand du Saulle (1863).

Seguidamente propuso la necesidad de una normativa aplicable a los fotógrafos en los hospitales, siendo responsabilidad de los médicos directores autorizar los retratos tras preguntar a las familias. Los médicos directores tendrían asimismo la responsabilidad de custodiar las imágenes en un lugar especial, comprometiéndose a no divulgarlas o comerciar con ellas, para destruirlas en presencia de la familia una vez sanado el paciente. Eran años en que todavía la técnica fotográfica era costosa y complicada, con lo que su utilización podemos suponer no era práctica habitual ni universal. El abaratamiento de costes y simplificación técnica bien pronto hicieron que la gran mayoría de historias clínicas se abrieran con una fotografía del paciente, que todavía se conserva en los archivos hospitalarios.

El derecho a la intimidad y a la propia imagen es sin duda un aspecto básico a respetar en cualquier encuadre médico-asistencial y difícilmente puede ser justificable su descuido. Sin embargo, grandes dudas aparecen cuando consideramos los posibles efectos positivos alcanzables con la divulgación de imágenes que muestran situaciones de claro abuso, descuido o grave necesidad de los individuos, bien como forma de denunciar públicamente la situación a la que se ven sometidos, o para reclamar ayudas para su estado de necesidad. Reafirmándonos en la necesidad, salvo expresa autorización del protagonista, de preservar la confidencialidad de cualquier aspecto que pueda conducir a su identificación, sin embargo resulta sospechoso que generalmente se invoque este derecho cuando se ha desatado algún tipo de escándalo tras la publicación de imágenes que muestran claras situaciones de abuso o maltrato. Esta demonización de los autores de las fotografías y de quien las publica, suele venir precisamente de aquellos estamentos y personas que más directamente tendrían que haber velado por el bienestar de los enfermos. Así lo hemos visto a lo largo de diferentes entradas en el blog, desde el caso de los manicomios americanos en los años 40, al escándalo de Valencia en los 70.

En la última entrada hablábamos en torno a un artículo de la edición asiática de Time sobre las terribles condiciones en las que se encontraban asistidos muchos paciente psiquiátricos en diferentes países orientales. Algunas de estas fotos, junto a otras procedentes de otras fuentes, fueron rechazadas cuando se remitieron para su publicación en una revista médica para ilustrar un artículo sobre la conculcación de los derechos humanos en pacientes mentales.

Los autores del trabajo, conocedores de primera mano de las terribles circunstancias en las que se encuentran muchos enfermos mentales en múltiples lugares del planeta, parten del convencimiento de que este colectivo está entre los peor tratados entre todos aquellos con algún sufrimiento a nivel global, mostrándose interesados en reclamar una mayor atención y respeto de los derechos humanos del enfermo mental. De igual forma, recuerdan que las imágenes han sido utilizadas en salud pública, con un importante impacto sobre la opinión de la población, en muy diversas situaciones de crisis humanitaria (las hambrunas africanas y sus moribundos protagonistas, la epidemia del SIDA, los conflictos bélicos y sus heridos y desplazados…). Por este motivo se sorprenden de la fuerte reacción en contra que suscitó su intención de divulgar imágenes que habían recogido de diferentes fuentes (agencias de noticias, organizaciones no gubernamentales…).



Entrevista a Kleinman y Patel en Atrium.

Las razones alegadas para la no inclusión de las imágenes fueron variadas. Un revisor del artículo señaló la necesidad de contextualizar ese tipo de trato en su cultura originaria, para así relativizarlo, algo que los autores no parecen dispuestos a aceptar respondiendo que el relativismo ético no puede sostenerse cuando se habla de sufrimiento humano, a la vez que señalan que los servicios mejoran precisamente cuando se defienden los derechos humanos de las personas hacia los que se dirigen. Otro, se mostró preocupado con la imagen que se podría dar de la psiquiatría como disciplina y de los psiquiatras en esos países, olvidando que es precisamente esa capacidad de autocrítica y búsqueda de mejoras asistenciales las que van a añadir credibilidad a nuestra profesión. El mismo tipo de respuesta para un tercer lector que señaló el riesgo de que algún grupo con variadas intenciones políticas utilizara esas informaciones para desprestigiar servicios que muchas personas necesitan.

Es muy posible que las imágenes que reflejan el sufrimiento humano, bien sea de enfermos mentales o otras tragedias como el hambre, guerras o el SIDA, han llegado a ser apropiadas en nuestra sociedad del bienestar como un bien de consumo más. Pero tan cierto es que son precisamente esas imágenes las que pueden hacer algo para promover algún tipo de cambio en las situaciones retratadas. No en vano, son precisamente los regímenes totalitarios o aquellos otros que tienen algo que esconder los más interesados en evitar la divulgación de cualquier tipo de imagen comprometedora.

Si se quiere denunciar una violación de los derechos humanos en un hospital u otro entorno asistencial, no hay mejor forma que presentar la irrefutable prueba fotográfica de ello. Sin embargo es demasiado inocente (o cínico) pretender que, además, se puede solicitar el consentimiento informado a alguien que puede estar encadenado o en un estado de total abandono y descuido físico.

Y con esta entrada, damos por concluido nuestro recorrido relámpago por las imágenes denuncia de las 7 últimas décadas. No quiere decir que no haya más. Ya lo veremos más adelante.



Consultar, AQUI, el esquema-índice de las entregas que componen la serie completa de "fotografía denuncia" en psiquifotos.



BIBLIOGRAFIA.




Legrand du Saulle H., « De l’application de la photographie à l’étude des maladies mentales (extrait de la séance du 27 avril 1863) », Annales médico-psychologiques, Masson. Paris, 1863, vol. 2, p. 256-260.





Worth a ThousandWords? A Conversation with Arthur Kleinman and Vikram Patel. Atrium. Sprong, 2008. 1-3. Accesible aquí.







Kleinman, A. Kleinman, J. The Appeal of Experience; The Dismay of Images: Cultural Appropriations of Suffering in Our Times. Daedalus. 1996. 25 (1): 1-24.