lunes, 18 de mayo de 2009

67. Enfermedad como inspiración, fotografía como consuelo.

Este sábado he hecho una visita relámpago a Madrid. Celebraban sus Fiestas de San Isidro y no he tenido tiempo de disfrutar, con chulos y chulapas, de organillos y barquilleros. Pero, antes de volver al avión, si saqué el ratito justo para visitar: “La cara del Alzheimer”, una exposición fotográfica de Ángel Bocalandro.


La muestra recoge una serie de retratos en blanco y negro, tanto de personas aquejadas de la enfermedad, como de algunos de sus cuidadores (o quizás mejor diríamos cuidadoras). El proyecto surgió a consecuencia del diagnóstico, en 2001, de esa enfermedad al padre del fotógrafo, quien se propuso el trabajo como una especie de sublimación personal del terrible dolor que supuso conocer la abrumadora noticia.

Carta al padre con Alzheimer. Del folleto introductorio de la exposición.

Son bastantes los fotógrafos que han acompañado a sus seres queridos enfermos con la cámara. Retratos tomados como queriendo fijar en el recuerdo esos momentos intuidos como irrecuperables. O quizás para conservar instantes simplemente inexplicables, en una especie de ejercicio de “fotocrionización”, para en un futuro más o menos lejano poder desvelar los misterios que encierran esas mentes enfermas.


Fotografías de Bocalandro en un artículo de 2006 sobre la enfermedad de Alzheimer.

Arlene Gottfried fotografió durante dos décadas la decadencia física y mental del apuesto “Midnight”, amigo y confidente diagnosticado de esquizofrenia paranoide. Amanda Tetrault quiso entender a Phil, su padre, vagabundo alcoholizado y con esquizofrenia, a través de imágenes tomadas durante 8 años. Otros, como Lisa Kanemoto, encuentran en la expresión fotográfica una especie de “Auto-arte-terapia” que les lleva a sobrellevar los fantasmas de un hijo con esquizofrenia y los propios problemas con el alcohol y la depresión. La edición de colecciones retrospectivas, como la realizada por Seiichi Furuya, son una forma de reencuentro, en este caso tras el suicidio de su esposa Chistine.

Todos ellos, como en el caso de Ángel, son ejemplos en los que la enfermedad aparece como inspiración creativa y el poder catártico y reparador de la fotografía utilizada como desahogo frente a la misma. Serán trabajos que tendremos la oportunidad de recoger en “Imágenes de la Psiquiatría” en entradas futuras. Mientras tanto, aquí traemos algunas de las caras del Alzheimer de Bocalandro.



Alfredo.
Rafael.
Isabel.
Luis.



Si alguien tiene curiosidad de verle fotografiando a Concha, puede hacerlo aquí. La exposición puede visitarse hasta el 31 de mayo en la Delegación del Principado de Asturias en Madrid.





BIBLIOGRAFIA.



Bocalandro, A. Libro-catálogo editado con ocasión de la exposición, que la mala suerte ha querido se agotara antes de mi visita.




Butragueño, E. Alzheimer. El abismo del olvido (fotos de A. Bocalandro). XLSemanal. 3 de julio de 2006. nº 975.








Gottfried, A. Midnight. Powerhouse Books. New York, 2003.




Tetrault, A. Phil & Me. Trolley Books, 2004.








Kanemoto, L. Dark mirror. Custom & Limited Editions. San Francisco, 1997.




Furuya, S. Portrait. Christine Furuya-Gobler, 1978-1985. Fotohof Editions. Viena, 2000.




Furuya , S. Memoires 1983. Fotohof Editions – Akaaka. Japón, 2006.








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