En 1938, la revista Life publicó un ensayo fotográfico, sin firma de autor, bajo el inquietante título de "La sombra de la locura" (The Shadow of Madness). Su mensaje principal era sorprendentemente optimista: tres de cada cinco pacientes mentales podían curarse gracias a los nuevos tratamientos. La otra cara de la moneda, bastante menos esperanzadora, era que los dos restantes estaban condenados a engrosar indefinidamente la población de unas instituciones psiquiátricas ya entonces abarrotadas.
Abría el reportaje una impactante fotografía a página completa de la fachada de uno de aquellos gigantescos manicomios que proliferaban en Estados Unidos.
En aquellas enormes instituciones, muchas veces auténticas ciudades autosuficientes, los pacientes podían permanecer recluidos durante años, cuando no durante toda su vida. No es de extrañar que la revista quisiera mostrar los rostros de algunos de aquellos enfermos, prácticamente desconocidos para una sociedad que prefería mantenerlos apartados, al otro lado de los altos muros del manicomio.
A continuación, algunas de las fotografías del artículo, con sus correspondientes píes de imagen traducidos.
En
pleno apogeo del modelo manicomial, con escasos recursos terapéuticos y una
eficacia más que discutible, el reportaje intentaba transmitir una visión
esperanzadora del futuro de los enfermos mentales. Entre las posibilidades
disponibles figuraba la terapia ocupacional, muchas veces aplicada de forma
mecánica, cuando no francamente absurda, y utilizada en no pocas ocasiones como
una manera de aprovechar la mano de obra de los internos y abaratar los costes
de mantenimiento de la institución.
A
estas prácticas se sumaban tratamientos como la hidroterapia o la piroterapia,
que comenzaban a compartir protagonismo con nuevas técnicas presentadas como
auténticos avances de la medicina psiquiátrica. Entre ellas destacaba la
temible "cura de Sakel", basada en la provocación de comas
hipoglucémicos mediante la administración de insulina.
Manfred
Sakel había comenzado a experimentar con la insulina en Viena, a finales de los
años veinte, en pacientes con problemas de adicción a la morfina.
Posteriormente extendió su aplicación a enfermos diagnosticados de
esquizofrenia, hasta convertirla en uno de los tratamientos más celebrados de
la psiquiatría de aquellos años. Su difusión internacional fue rápida,
impulsada por resultados aparentemente espectaculares y por un entusiasmo
médico que, visto desde hoy, tenía bastante más de fe que de evidencia
científica.
La
revista Time se hacía eco por entonces de las prometedoras posibilidades
de la nueva técnica, pese a que el propio Sakel reconocía desconocer su
mecanismo de acción. Un pequeño detalle que, al parecer, no impedía anunciarla
como una de las grandes esperanzas terapéuticas del momento.
Todavía faltaban casi dos décadas para la generalización de los primeros tratamientos psicofarmacológicos verdaderamente eficaces. Mientras tanto, comenzaban a abrirse paso algunos cambios de actitud hacia los pacientes y tímidas mejoras en las condiciones ambientales y asistenciales de los hospitales.
Visto
con la perspectiva de casi noventa años, lo que más llama la atención de aquel
reportaje no es solo el optimismo con el que se anunciaban tratamientos que hoy
nos parecen brutales, sino la seguridad con la que se prometían unas curaciones
que difícilmente podían demostrarse. Aquellos tres de cada cinco pacientes
supuestamente recuperables nos recuerdan hasta qué punto las esperanzas
terapéuticas de cada época pueden acabar convertidas, con el paso del tiempo,
en motivo de asombro y hasta de cierto escalofrío.
Aunque
también conviene reconocer algo a favor de aquel reportaje: al menos intentaba
mirar detrás de los muros y mostrar a quienes buena parte de la sociedad
prefería no ver.
| BIBLIOGRAFÍA | |
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![]() |
Anónimo. Insulin for Insanity. TIME. 25 enero 1937. |
| Anónimo. The shadow of insanity. What the U.S. is doing about it. Life. 14 marzo 1938. 4 (11): 45-53. | |

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