domingo, 18 de octubre de 2026

498. 1938: Tres de cada cinco pacientes mentales pueden curarse con los nuevos tratamientos.

Rebuscando entre la incontable cantidad de basura acumulada en el disco duro de mi ordenador, me he encontrado con el borrador de una entrada para el blog que llevaba allí olvidado desde 2009. No era gran cosa, o al menos eso debió de parecerme entonces, porque nunca llegué a publicarla. Ahora, sin embargo, me ha parecido que merecía la pena rescatarla, aunque solo sea como motivo de reflexión y contraste con la perspectiva que nos da el paso del tiempo.

En 1938, la revista Life publicó un ensayo fotográfico, sin firma de autor, bajo el inquietante título de "La sombra de la locura" (The Shadow of Madness). Su mensaje principal era sorprendentemente optimista: tres de cada cinco pacientes mentales podían curarse gracias a los nuevos tratamientos. La otra cara de la moneda, bastante menos esperanzadora, era que los dos restantes estaban condenados a engrosar indefinidamente la población de unas instituciones psiquiátricas ya entonces abarrotadas.

Abría el reportaje una impactante fotografía a página completa de la fachada de uno de aquellos gigantescos manicomios que proliferaban en Estados Unidos.

“En los hospitales estadounidenses, tras muros similares a estos, hay en la actualidad 500.000 hombres, mujeres y niños cuyas mentes se han roto en los conflictos de la vida… Sus médicos dicen que tienen una enfermedad mental, sus abogados que están locos. La gente equilibrada les teme. El público en general se niega a enfrentar el terrible problema de lo que debiera hacerse por ellos”.


Una ciudad de los locos que crece día a día.

En aquellas enormes instituciones, muchas veces auténticas ciudades autosuficientes, los pacientes podían permanecer recluidos durante años, cuando no durante toda su vida. No es de extrañar que la revista quisiera mostrar los rostros de algunos de aquellos enfermos, prácticamente desconocidos para una sociedad que prefería mantenerlos apartados, al otro lado de los altos muros del manicomio.

A continuación, algunas de las fotografías del artículo, con sus correspondientes píes de imagen traducidos.

La demencia precoz exilia al joven a un mundo para él sólo.

Un maniaco-depresivo mira continuamente a través de una ventana enrejada.

Una mujer con camisa de fuerza se vuelve violenta.

Una víctima de paranoia que trata de parecerse a otro.

En pleno apogeo del modelo manicomial, con escasos recursos terapéuticos y una eficacia más que discutible, el reportaje intentaba transmitir una visión esperanzadora del futuro de los enfermos mentales. Entre las posibilidades disponibles figuraba la terapia ocupacional, muchas veces aplicada de forma mecánica, cuando no francamente absurda, y utilizada en no pocas ocasiones como una manera de aprovechar la mano de obra de los internos y abaratar los costes de mantenimiento de la institución.

A estas prácticas se sumaban tratamientos como la hidroterapia o la piroterapia, que comenzaban a compartir protagonismo con nuevas técnicas presentadas como auténticos avances de la medicina psiquiátrica. Entre ellas destacaba la temible "cura de Sakel", basada en la provocación de comas hipoglucémicos mediante la administración de insulina.

Manfred Sakel había comenzado a experimentar con la insulina en Viena, a finales de los años veinte, en pacientes con problemas de adicción a la morfina. Posteriormente extendió su aplicación a enfermos diagnosticados de esquizofrenia, hasta convertirla en uno de los tratamientos más celebrados de la psiquiatría de aquellos años. Su difusión internacional fue rápida, impulsada por resultados aparentemente espectaculares y por un entusiasmo médico que, visto desde hoy, tenía bastante más de fe que de evidencia científica.

La revista Time se hacía eco por entonces de las prometedoras posibilidades de la nueva técnica, pese a que el propio Sakel reconocía desconocer su mecanismo de acción. Un pequeño detalle que, al parecer, no impedía anunciarla como una de las grandes esperanzas terapéuticas del momento.

Noticia de la visita del Dr. Sakel a Nueva York. TIME, 25 enero 1937.

Todavía faltaban casi dos décadas para la generalización de los primeros tratamientos psicofarmacológicos verdaderamente eficaces. Mientras tanto, comenzaban a abrirse paso algunos cambios de actitud hacia los pacientes y tímidas mejoras en las condiciones ambientales y asistenciales de los hospitales.

Tejer es una forma preferida de terapia ocupacional. Los pacientes se interesan en su trabajo y orgullosos de los resultados olvidan sus preocupaciones y delirios.

El baño de corriente continua es el mejor método para calmar los estados de excitación mental. Con los cuerpos engrasados los pacientes pueden permanecer durante horas, durmiéndose poco a poco.

Los esquizofrénicos empujan impasiblemente cepillos por todo el hospital, hasta que se les detiene. Más tarde se les enseñará jardinería.

Los tratamientos de más éxito son la insulina y las fiebres… Dado que el remedio es nuevo, no se sabe todavía si sus efectos serán duraderos (¡nosotros ahora si! ¿Qué sabrán nuestros nietos de los tratamientos actuales?).

Tratamiento con insulina. Antes de provocarse el coma hipoglucémico, este paciente se retuerce.

El azúcar, suministrado directamente por la nariz al estómago, contrarresta el efecto de la insulina haciendo que el paciente despierte del coma.

El esquizofrénico Joe Eaton enfermó tras planchar pantalones todo el día y escribir historias de detectives toda la noche. Un día se vino abajo, salió corriendo, golpeándose el pecho y gritando “Soy Dios”. Tras 3 meses de tratamiento insulínico se recuperó y marchó de alta.

El tratamiento con fiebre (piroterapia) es efectivo en la cura de la Parálisis General de la sífilis. El cuerpo se mantiene a 40 grados mediante electricidad.

Visto con la perspectiva de casi noventa años, lo que más llama la atención de aquel reportaje no es solo el optimismo con el que se anunciaban tratamientos que hoy nos parecen brutales, sino la seguridad con la que se prometían unas curaciones que difícilmente podían demostrarse. Aquellos tres de cada cinco pacientes supuestamente recuperables nos recuerdan hasta qué punto las esperanzas terapéuticas de cada época pueden acabar convertidas, con el paso del tiempo, en motivo de asombro y hasta de cierto escalofrío.

Aunque también conviene reconocer algo a favor de aquel reportaje: al menos intentaba mirar detrás de los muros y mostrar a quienes buena parte de la sociedad prefería no ver.


BIBLIOGRAFÍA
>>>>>>>>>>>>     Consultar aquí toda la bibliografía citada hasta esta entrada


Anónimo. Insulin for Insanity. TIME. 25 enero 1937.


Anónimo. The shadow of insanity. What the U.S. is doing about it. Life. 14 marzo 1938. 4 (11): 45-53.





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