miércoles, 13 de octubre de 2010

157. La Catatonia. 2) La ambición fisonómica.

Hoy en día nos resulta más que evidente que las aspiraciones de aquellos primeros psiquiatras pioneros que utilizaron la fotografía, tanto como vehículo de estudio como prueba irrefutable de sus aprioris fisionómicos, no se cumplieron. De igual forma, las imágenes que nos legaron, más allá de las de algunos individuos de estrafalarias vestimentas o rictus inequívocamente risueños o melancólicos, poco nos aportan para un mejor reconocimiento de su diagnóstico.

Imágenes comparables son relativamente frecuentes en los pacientes que atendemos en la actualidad, por lo que, sin desmerecer su valor como testimonio de una época y ofrecernos otras claves añadidas a la mera fisonomía (por ejemplo en la vestimenta, presentación u otras circunstancias ambientales a su alrededor), poco nos añaden a los grandes cuadros psicopatológicos conocidos, no siendo tampoco esas caras patognomónicas de ninguno de ellos.

Sin embargo, hay al menos dos diagnósticos de la psicopatología clásica en los que las imágenes fotográficas (y cinematográficas) que se conservan nos ayudan a entender mejor su descripción literaria en los textos de semiología psiquiátrica.

Por una parte, están los diferentes cuadros histéricos hoy prácticamente desaparecidos en su presentación clásica, magistralmente recogidos en la Iconographie Photographique de la Salpêtrière en tiempos de Charcot, de los que ya hablamos en alguna entrada anterior (137, 139 y 140) y de los que nos tendremos que ocupar todavía en alguna otra ocasión.

Por otra, la catatonia. Un síndrome de características básicamente motoras, principalmente asociado a síntomas de inhibición, retardo motor e incluso inmovilidad persistente e inalterable, aunque en algunos pacientes pueden predominar la agitación y el frenesí incoercible. Fue descrita por Karl Kahlbaum en 1874 en una diversidad de diagnósticos clínicos previos. Fue Emil Kraepelin quien, en los albores del S. XX, focalizó en la catatonia como uno de los síntomas asociados a su concepto de “demencia precoz” (la actual esquizofrenia), con lo que el síndrome quedó especialmente ligado a la psicopatología como parte de los trastornos psicóticos y afectivos.

En los primeros años tras la aparición de la fotografía, se necesitaban exposiciones con tiempos muy dilatados que obligaban a mantenerse bien quietito a quien quisiera salir bien en la foto. Una actitud difícil de pedir a la gran mayoría de inquietos y díscolos pacientes, algunos de los cuales incluso requería de personal auxiliar a su lado para inmovilizarle mientras “posaba”. Esta era una práctica relativamente socorrida, tal y como se conserva en la iconografía psiquiátrica de época, consiguiendo la mayoría de las veces que nuestra atención se dirija más a la propia violencia de la sujeción que a las características faciales del individuo, supuestamente el objeto de la imagen. La velocidad de exposición se acortaba igualmente fotografiando con la mayor cantidad de luz ambiental posible, de ahí el gran número de imágenes conservadas de pacientes retratados en exteriores, a pleno sol. Otra posibilidad era la utilización de luz artificial quemando sales de magnesio lo que, además de encarecer el producto, no se aconsejaba al no recoger fielmente el tamaño pupilar (algo que tenía un valor específico en algunos síndromes) e incluso para fotógrafos compasivos como Sommer, una práctica a evitar para no asustar a enfermos aprensivos (pequeña detonación, fogonazo y humareda final).

Los grandes cuadros catatónicos, tuvieron que ser entonces la delicia de los primeros fotógrafos. Precisamente por la inmovilidad clínica del sujeto a retratar, sobre todo en los espectaculares cuadros catalépticos en los que el individuo se mantenía en inusitadas posturas por largos periodos de tiempo, se hacía innecesario el familiar “¡atención al pajarito!” para mantenerle atento y quieto. Y además de esa mayor facilidad técnica para el retrato, se añadía la espectacularidad visual de muchas de las posturas que estos adoptaban.

La aparición de tratamientos más eficaces hizo que los grandes y llamativos cuadros catatónicos mantenidos por largos períodos de tiempo en personas institucionalizadas y diagnosticadas generalmente de esquizofrenia hayan ido desapareciendo de nuestra experiencia profesional. La conservación de las imágenes a las que nos referimos reviste entonces un especial valor testimonial de tipo clínico.

Como anunciábamos en la entrada anterior, con esta "serie catatónica" haremos un recorrido por algunas de estas imágenes, tomadas al azar de diferentes libros de época reflejo, la mayoría de las veces, de los entonces nada infrecuentes cuadros catatónicos.

En la entrega de hoy nos limitaremos a comprobar lo poco que nos dice del estado clínico-psicopatológico una simple imagen de la cara del paciente catatónico, es decir de su fisonomía. La fisiognomía y frenología fueron ciencias basadas en el estudio de la apariencia externa de una persona, sobre todo su cara y cráneo, buscando así el conocimiento de su carácter o personalidad. Gozaron de gran predicamento en los siglos XVIII y XIX, pero también ha habido en el siglo XX quien se ha interesado en retratar los rostros de pacientes catatónicos y computar cuidadosamente sus diversas características craneométricas, sorprendentemente incluso en fechas relativamente recientes. Como veremos a continuación, y a diferencia de otros estados clínicos como la melancolía o la eufórica manía, un empeño fotográfico de escasa utilidad práctica si solo retratamos la cara sin incluir otras partes del cuerpo (a excepción posiblemente de aquellos casos que presenten ciertos manierismos o el signo de la contractura labial conocido como Schnauzkrapf que presentaremos en la próxima entrega).

Catatonia. Institutriz. Foto Paul Kremmer (c. 1905-17).

Esquizofrenia (Catatonia). Esposa de un carpintero. Foto Paul Kremmer (c. 1905-17).

Catatonia. Señorita de compañía. Foto Paul Kremmer (c. 1905-17).

Catatonia. Agricultor. Foto Paul Kremmer (c. 1905-17).

Catatonia. Pintor decorador. Foto Paul Kremmer (c. 1905-17). La mirada y brazos sobre las piernas transmiten inmovilidad, pero aún así podría tratarse simplemente una postura adoptada para no moverse durante la instantánea.

Catatonia. Jornalero. Foto Paul Kremmer (c. 1905-17). En este caso, la inclusión de manos y antebrazo en una postura extraña, junto a la mirada perdida, consigue transmitir una mayor sensación de inmovilidad cataléptica.


St. R. (52) Catatonia en imbecilidad. Foto Julius J. Weitmann, del atlas de Gerhard Mall (1967).

La. E. (53) Esquizofrenia injertada (catatonia) en debilidad mental congénita. Foto Julius J. Weitmann, del atlas de Gerhard Mall (1967).

We.R. (54) Catatonia residual. Foto Julius J. Weitmann, del atlas de Gerhard Mall (1967).

Bu. H. (55). Esquizofrenia injertada (catatonia) en imbecilidad. Foto Julius J. Weitmann, del atlas de Gerhard Mall (1967).

Wa. H. (56). Esquizofrenia crónica con evolución predominantemente catatónico-estuporosa. Foto Julius J. Weitmann, del atlas de Gerhard Mall (1967).

Características cráneo y antropométricas de los anteriores casos. Del atlas de Gerhard Mall (1967).


Y por ahora vale.

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La serie catatónica completa:

156. La Catatonia. 1) Prolegómenos.
157. La Catatonia. 2) La ambición fisonómica.
158. La Catatonia. 3) La faz catatónica.
159. La Catatonia. 4) En la “Demencia Precoz”.
162. La Catatonia. 5) En algunos atlas de psicopatología.
163. La Catatonia. 6) Varios signos catatónicos.
165. La Catatonia. 7) En otros cuadros psiquiátricos.
166. La Catatonia. 8) Provocación experimental.
167. La Catatonía. 9) Como fenómeno de comportamiento.

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BIBLIOGRAFIA.



Sommer, R. Lehrbuch der psychopathologischen Untersuchungs-Methoden. Urban Schwarzenberg. Berlin – Wien, 1899.


Hohenlohe, M.G. (Ed.). Die vielen Gesichter des Wahns. Patientenportraits aus der Psychatrie der Jahrhundertwende. Verlag Hans Huber. Bern, 1988.





Mall, G. Das gesicht des seelisch kranken. Schnetztor Verlag. Kostanz, 1967.









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