lunes, 6 de junio de 2011

191. Saint Camille.


Costa de Marfil sale de una guerra civil con la esperanza puesta en el futuro. Así suele ser siempre, cuando menos por el alivio que supone haber superado el horror inmediato de la muerte y desolación indiscriminada. Hace pocas semanas nos hacíamos eco de ese sufrimiento, preguntándonos particularmente por el destino de los locos de Abiyán.

Sabemos que tener una enfermedad mental no es cómodo ni conveniente en ningún lugar del planeta, pero sin lugar a dudas, ser un loco en los países menos desarrollados lleva añadido un plus de dolor e incomprensión a veces difícil de imaginar, y donde los modelos asistenciales que nosotros conocemos poco tienen que ofrecer. Afortunadamente, también existen experiencias ejemplares que no se conforman con esa realidad y se empeñan día a día, modestamente pero con voluntad, en ofrecer un mejor horizonte a las vidas doblemente torturadas de aquellos desclasados que además se ven marcados por el estigma asociado a la enfermedad.

Es el caso de Gregoire Ahongbonon, merecedor en 2008 del Witness Prize, y de la Asociación Saint Camille que, con la ayuda internacional dirigida a través de organizaciones como la Fondazione Saint Camille de Lellis o la Freundeskreis St. Camille, se empeñan en defender y tratar a los enfermos mentales más graves de Costa de Marfil y Benín.

Pero dejemos a Irantzu que nos cuente a su manera la historia.



Como ejemplo, la historia de una vida:

A André Dembele poco le separa de los muertos. Inmóvil, se pone en cuclillas sobre su cama, rodeado de excrementos y el zumbido de las moscas. Al mirarle se ve un esqueleto, cubierto por piel fina, con las uñas amarillas como garras.


Sólo en raras ocasiones la puerta se abre y alguien pone un plato de estaño con puré de yuca o empuja al interior un poco de agua. Nunca conoció a su nieto. El funeral de su padre se llevó a cabo sin él. Lleva 20 años en su calabozo. Fue su propio hermano, quien atornilló una barra de hierro entre sus tobillos. Fijó dos esposas que el tiempo ha cubierto de óxido.


Estaba poseído, y en el pueblo tienen miedo de los demonios que han transformado al trabajador de las plantaciones y hombre de familia en alguien impredecible.
"Ten cuidado con el loco", se escucha a los ancianos de la aldea decir a los muchachos.

Una epilepsia, una esquizofrenia, un síndrome maníaco-depresivo… son causados para muchas aldeas africanas por malos espíritus, con lo que los habitantes temen que también posean a los sanos.



Por eso lo que hacen en África occidental con los enfermos: bloquean a miles y miles de ellos con cadenas, fijándolas a troncos de grandes árboles golpeando con soportes metálicos.


Aunque estos métodos resulten hoy en día terribles, hace no tanto también se aislaba a los enfermos mentales de forma que no pudieran causar “ningún mal” (ni ningún bien) a la sociedad. Así, que el miedo de los enfermos mentales no es nada nuevo; sólo la forma de expresarlo cambia.


En este contexto, sólo hay una persona tan “loca” como para tocar, abrazar y hasta dar un nuevo hogar a los enfermos mentales en el África occidental: Gregoire Ahongbonon.

Un ex taxista que es impulsado por su fe. "He conocido a Jesús en la calle" dice "medio desnudo, despeinado, con la forma de un loco".

Cada vez que su móvil suena, Gregoire monta en su jeep y se dirige a donde le necesitan.

En una capilla en Bouaké, la segunda ciudad más grande en Costa de Marfil, Ahongbonon comenzó modestamente, dejando que los pacientes durmieran junto al altar.



A pesar de los problemas económicos a los que se ha enfrentado, hasta hoy ha formado diez centros distribuidos en todo el país, y cuatro más en el vecino Benín. Los centros son el hospital, el refugio y la familia sustituta de los más de 15.000 enfermos que han pasado por ellos.



En la actualidad viven allí 1.150, que reciben de manera gratuita no sólo la comida, sino también los medicamentos. Allí trabajan en telares o en la panadería. Otros van al campo o reciben formación en corte y confección.



Los falsos profetas no dejan que se estropee su negocio y continúan vendiendo oraciones y “pócimas mágicas” a pacientes y familiares, mientras se alejan para no escuchar lo que dice Gregoire Ahongbonon. "Está prohibido por la ley, encadenar a los enfermos. Es un crimen hacer tal cosa", se queja en voz alta, y su voz alcanza la más remota choza de barro.


Cuando Ahongbonon tiene noticia de otro enfermo mental encadenado, se dirige hacia allí para dar una solución real, humana y digna: los libera de los grilletes y les ofrece cobijo en uno de sus centros.



Para Gregoire Ahongbonon cada vuelta es un regreso a casa: para cada enfermo rescatado es un nuevo comienzo.



Y es que conceptos que en nuestro medio resultan lógicos, en otros lugares aún no se han instaurado. Por falta de información y medios, conceptos como los “Hospitales psiquiátricos”, “Enfermedad mental”… están a años luz. No hablemos ya de términos como la “Psiquiatría comunitaria”.

Suerte que haya gente que luche, a pesar de no tener apoyo social ni gubernamental, para que pequeños grandes pasos se vayan dando…

I.G.Ll.





Fotos © Fondazione Saint Camille de Lellis y Freundeskreis St. Camille.



Seguimos sin saber que habrá pasado con los locos de Abidjan durante la guerra, aunque seguro que nada bueno. Tampoco sabemos del devenir de los activistas de Saint Camille, pero confiemos que allí siguen, también ellos necesitados de nuestro aliento y ayuda, para consuelo de muchas personas enfermas en esas latitudes. Un ejemplo de sus logros es el hospital de San Camille, que podemos visitar virtualmente aquí y aquí gracias a las imágenes tomadas en 2005 por el belga Carl De Keyzer.


BIBLIOGRAFIA.

Morin, P. Attoungbre, C. Dallaire, B. The Association St. Camille De Lellis in Côte D'Ivoire: Innovations, Potential, and Limits of a Practice Coming from The "Wretched of the Earth". Canadian Journal of Community Mental Health (Revue canadienne de santé mentale communautaire). 2002. 21 (2): 151 – 160.



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4 comentarios:

Xelaxel dijo...

me encanta tu blog desde hace tiempo lo sigo, en algún momento de mi vida mi mayor pánico era enloquecer algún día, hoy sigo cuerda creo yo y difrutando de la vida, gracias por tus magnificas entradas...

Fermín Eguren dijo...

Magnífico, Oscar. Africa es, también en esto, nuestra memoria y nuestro pasado reciente. En efecto, no hemos tratado a nuestros locos mejor que ellos hasta hace muy poco y después de muchos desvelos de gente como ese taxista entusiasta. Necesitamos una revolución en 1789 para inventar la psiquiatría clínica y conseguir que Pinel liberara de cadenas a nuestros pacientes. En Europa, en algunos sitios aún no se han enterado o lo acaban de hacer. En nuestro país todo es tan reciente que todavía no nos hemos jubilado los que conocimos cómo olían los manicomios a principios de los años 80 del pasado siglo. No podemos perder la memoria. Es nuestra garantía para un futuro mejor. Africa es nuestro mejor espejo.
Ander Retolaza

Oscar Martínez Azumendi dijo...

Gracias Xelaxel, aunque la frontera entre cordura y locura a veces no es tan nítida como queremos pensar y a cada uno le toca al menos un poco de ambos lados.

Lo que si puede volvernos un poco locos es ver el comentario de Ander en boca de Fermín, o viceversa :-)
En cualquier caso, sea quie sea quien haya opinado, ¡qué razón tiene!

Fernando dijo...

Gracias a la persona que ha creado este blog, me ha ayudado mucho en un trabajo que tenía que hacer de este hombre :-) también he aprendido mucho ... GRACIASS :)