jueves, 28 de enero de 2010

117. Tres libros malditos: 3) La espiral de la mente.

Cerramos esta trilogía con una obra localizada geográfica y afectivamente bien cercana a nosotros. Su título: “La espiral de la mente” o “mentes profundas” como también pudo haberse denominado según su autor, Segundo Escolar Díez, artista polifacético afincado en Belorado.

Conocí el libro por algunas referencias hace pocos años. Había sido editado en 1998 por un laboratorio farmacéutico como objeto promocional, con el apoyo de la Sociedad Española de Psiquiatría. Intenté conseguirlo sin resultado, me dijeron que había sido “destruido” siguiendo instrucciones. Ni que decir que esto disparó aún más mi curiosidad, no pudiendo parar hasta tener una copia entre mis manos. Pude entonces conocer las imágenes tomadas por el autor en el antiguo manicomio de Bermeo, inaugurado en 1900 y hoy hospital psiquiátrico de larga estancia, uno de los pilares de la economía, junto a la industria pesquera y conservera, de la preciosa villa vizcaína a orillas del Cantábrico.

Puesto en contacto con el autor, me explicó no entender algunas de las dificultades puestas por ciertas personas en el último momento de su publicación. Alguien me comentó que hubo prudentes dudas éticas en cuanto a la pertinencia de publicar imágenes de pacientes que podían vivir todavía. Otras versiones apuntan sin embargo a una demanda, finalmente desestimada, frente a la fiscalía del Tribunal del País Vasco al entenderse que las imágenes del libro podían atentar contra la imagen institucional del país.

Parecería que el libro ya estaba predestinado a las dificultades editoriales desde un primer momento. Una primera edición fue rechazada por el propio autor al observar ciertos defectos derivados del tipo de tintas empleados en su impresión. La segunda edición, de 950 ejemplares numerados, se distribuyó solo parcialmente.

Las fotografías, publicadas con acompañamiento de textos del Catedrático de Historia del Arte Alberto C. Ibáñez Pérez, y los psiquiatras Juan Mons y Jesús J. de la Gándara, fueron tomadas a lo largo de un mes de 1975, aunque no vieron la luz en forma impresa hasta más de 20 años después.

Texto de Jesús J. de la Gándara.

El autor habla con pasión y cariño, no solo del trabajo realizado sino de las personas retratadas. Refiriéndose al libro como “algo muy pensado”, explica que las imágenes fueron seleccionadas con especial cuidado de no trasmitir los ambientes más duros y descuidados que pudo observar en la institución, escandalizándose de la impostura de aquellos que vieron algún tipo de amenaza en la desnudez parcial de alguno de los personajes fotografiados.





Recuerda todavía con pesadumbre y cierta nausea el penetrante olor a orines que impregnaba la institución y la imposibilidad de plasmarlo en el carrete fotográfico. Un carrete que, rememora con orgullo bien entendido de caballero castellano, entregaba religiosamente a la dirección médica del hospital como prueba de lo que había fotografiado con el compromiso de no ser nunca utilizado con fines amarillistas o tremendistas. Teniendo en cuenta las lamentables condiciones en que se encontraba el hospital en esos años, tal y como quedó reflejado en la entrada 35 de este blog, es fácil entender que hubiera sido muy sencillo dar un enfoque de ese tipo al reportaje. Un carrete, también, que recuerda sorprendido como un interno supo explicar metafóricamente, pleno de lucidez intelectiva, a un compañero “como en el seno materno, quedan ahí las imágenes y, como en el seno materno, luego ven la luz”, aunque hayan tenido que pasar muchos años para que nosotros las contempláramos.






Aires más alegres y complacidos toma la conversación cuando relata la forma de ganarse la aceptación de los enfermos: los cigarrillos distribuidos religiosamente, las rondas de café o refrescos en la cantina, el tiempo en cuclillas junto al “hombre mono”, catatónico kraepeliano, de quien consiguió le tocara con un dedo en el hombro cuando fue a alejarse de él, despertando un entusiasta “¡has conseguido que te toque!” exclamado por el equipo médico expectante enfrente.















Dice Segundo Escolar que tiene más fotos, incluidas muchas del pabellón de niños que nunca se le ocurrió publicar, por pudor y por respeto a los fuertes sentimientos experimentados en esas visitas, entre criaturas “pegadas al suelo, como pulpos”. Comenta que vio “la jaula”, una especie de pajarera monstruosa colgada sobre el suelo, donde se encerraba a los pacientes para la ducha y otras circunstancias, pero que tampoco nunca pensó divulgar, más interesado en la propia humanidad de los pacientes que en las terribles condiciones en que estos eran mantenidos. Condiciones que finalmente no pudieron pasar desapercibidas para los medios de la epoca, como ya dimos cuenta en la entrada 35.

Años después, con la mejora estructural del hospital, le ofrecieron la posibilidad de un nuevo reportaje que, presumiblemente, reflejaría así las mejoras introducidas. Asegura que puso solo una condición, el permiso para realizarlo de 7 de la mañana a 1 de la madrugada en cualquier lugar del hospital. Parece que fue un envite a la mayor demasiado arriesgado para ser visto por quien correspondiera.

En estos momentos, está trabajando en un libro biográfico que espera ver publicado con ocasión de una exposición antológica de su obra que tendrá lugar próximamente. En él se incluirían algunas de las fotografías retocadas y redibujadas, en su mejor deseo de resaltar el mensaje subliminal que llevan implícitas. Esperaremos con interés su publicación.

Mientras tanto, seguiré disfrutando de la copia nº 139 que conservo y ¡de la “prueba de taller”, firmada por el propio autor, que conseguí por casualidad de una librería de viejo de Zaragoza! No está mal para ser uno de la trilogía de los libros malditos.

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Los tres libros malditos:

115. Humanario.
116. Psychopaths.
117. La espiral de la mente.
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Y otro más, que descubrí más tarde: 224. Señales del vacío: un cuarto libro maldito.



BIBLIOGRAFIA.



Escolar, S. La espiral de la mente. Fondo Artístico Lydia Escolar. Burgos, 1998.




Anónimo. En el psiquiátrico de Bermeo, peor que perros. Punto y Hora. 16-22 junio, 1977. p. 12-16. Accesible aquí






3 comentarios:

andres porcel dijo...

Es una de las entradas que más me han interesado del blog (que es mucho decir). Quizá por la cercanía de las imágenes, por su autenticidad y el despojo aparente de elaboración, sin pretensiones artisticas espúreas.

Rebeca González Rudo dijo...

Muchas felicidades es un trabajo realmente muy bueno el que realizas, enhorabuena!

Jennifer dijo...

Saludos:

Recien he descubierto este maravilloso y desgarrante blog.
Soy psicologa y en mi ya lejano periodo de estudiante estuve en algunos psiquiatricos.

Desgraciadamente la enfermedad mental lleva el estigma del desconocimiento y el miedo de una cultura poco empatica.

Un saludo desde el Rincon de la Psicologia