martes, 1 de diciembre de 2015

305. Un grupo de terapia a través de la fotografía.

Conozco a Javier Gutiérrez Igarza hace ya tiempo. Primero compartimos intereses y Asociación profesional en torno a la psicoterapia grupal, para luego encontrarnos en el ciberespacio en torno a una mesa virtual cubierta de fotos (Javier es psicólogo y fotógrafo -o viceversa-), y de posibles proyectos que parecían condenados a no cristalizar dando ese paso necesario que nos conduce desde lo virtual a algo más real.

Pero esta vez ha sido diferente, el otro día recibí un correo suyo anunciándome el final de una interesante experiencia de trabajo terapéutico grupal basado en la fotografía, desarrollado en una comunidad terapéutica cercana a mi lugar de trabajo habitual. Al parecer, la experiencia de terapia grupal a través de la fotografía fue la evolución natural surgida de un proyecto previo inspirado en el movimiento "Fotovoz", como un paso más en la búsqueda de utilidad terapéutica y de la que todos sus protagonistas han salido satisfechos.

No tuve que rogarle mucho para acordar que un día se estos se venga a nuestro Centro, de forma totalmente desinteresada, a comentarnos su experiencia. Y de paso, y de igual entusiasta manera, también me ha aceptado compartir con el resto de la comunidad psiquifotera sus reflexiones. Estoy seguro de que pueden servir de inspiración y aliciente para quien pudiera estar interesado en esta otra utilidad de la fotografía en el campo de la salud mental, y de la que ya nos hemos ocupado desde diferentes perspectivas en algunas otras entradas anteriores.

Y hablando de fotografías, antes de pasar al texto del que hablamos, ahí va un botón de muestra con algunas de las imágenes tomadas de entre las que trabajaron en el grupo. ¡Muchas gracias, Javier!



"Construyendo"



"Soñar"

"Autonomía"

"Cabeza de vinilo"


Las imágenes y las palabras se necesitan mutuamente. El lenguaje es el mayor logro del ser humano pero el progreso también nos lleva a evolucionar en otros lenguajes que nos integran. El lenguaje de las imágenes tiene una innegable preponderancia tanto en el mundo interno como en el externo, y más aún en un planeta globalizado, en una sociedad llena de móviles, más de 5 mil millones (somos casi 7 mil millones de personas), la mayoría, con sus correspondientes cámaras de fotos. Esta democratización de la fotografía es una oportunidad de evolución en la comunicación y en la socialización del ser humano. Las fotos son parte potencial de nuestro repertorio básico de comunicación y de crecimiento. El reto es entender este fenómeno y hacer un estudio conceptual para poder desarrollar vías para ayudar a las personas a manejar esta herramienta como medio de expresión, de comunicación, de desarrollo emocional, de cauce creativo, uno más de los que están a nuestro alcance.

El éxito de las llamadas redes sociales y de Internet en general se explica en parte por la querencia humana por lo visual como vía para la expresión y comunicación. Las relaciones entre el individuo y su mundo interno y externo vienen a través de las palabras pero también de mundo sensorial, siendo las imágenes el canal más instaurado por razones obvias.

El hecho fotográfico tiene características propias que le hacen especialmente indicado para poder convertirse en un medio elemental de expresión. La inmediatez del momento, la posterior contemplación, la reflexión, la posición del observador de la propia naturaleza, del mundo que me rodea. La imagen latente queda en la memoria de la cámara (antes en el carrete) para posteriormente procesarla.

El mundo transicional entre el mundo interno y la realidad es un potencial de juego que se debe fertilizar para que vayan apareciendo creaciones que me ofrezcan salidas a mi realidad.

A los terapeutas nos gustan las historias. Eso, y ayudar. En mi caso, el trabajo con fotografías me permite articular ambas cosas: explorar las narrativas que hay detrás de las imágenes y el acompañamiento en la madurez del punto de vista de la persona que busca ayuda. La aplicabilidad de estas técnicas es enorme. Con adolescentes, colectivos en riesgo de exclusión e incluso con organizaciones y equipos de trabajo.

Grupo de Fotografía Terapéutica. El grupo en sus imágenes.

Contextualizando la experiencia grupal.

El taller se lleva a cabo en el Hogar Izarra, una comunidad terapéutica que se encuentra en Bilbao, en el barrio de Otxarkoaga y que tiene más de 30 años de andadura complementando a la Red de Salud Mental de la Comunidad Autónoma Vasca. Atendemos pacientes que llegan fundamentalmente derivados de la Red y el perfil es el de un paciente joven con patología grave. Dispensamos atención individualizada, tanto psiquiátrica como psicológica y nuestro trabajo, tanto grupal como individual, es dinámico y de tipo integrativo. El equipo es multidisciplinar y trabajamos con el paciente y sus familias.

El grupo.

La Fotografía Terapéutica es aplicada en muchas partes aunque tiene poco desarrollo conceptual, al menos en España. No hay muchas experiencias documentadas. En otras partes del mundo llevan bastante tiempo desarrollando y aplicando esta intervención. Por otra parte, como podéis imaginar, es una disciplina muy abierta a ser adaptada en los distintos lugares con lo que nutre un desarrollo heterogéneo con lo que muchas veces las experiencias quedan poco documentadas o poco generalizables. Se relaciona directamente con la Arteterapia que sí que tiene más solidez en sus conceptualizaciones y unos desarrollos más elaborados.

El grupo de Fotografía Terapéutica.

Fue una actividad programada durante tres meses. 7 sesiones de hora y cuarto y 10 participantes. La mecánica era sencilla, en cada sesión se planteaban los temas de las fotografías que traerían (5 como máximo por persona) en la próxima sesión. Se visionaban, se comentaban y se ponía el nombre a una de las, a la que elija el autor de la fotografía.

Pensamos que este grupo puede ser terapéutico porque la fotografía les iba a facilitar el pensamiento y la expresión de su mundo interno, la observación de su entorno, la manipulación creativa de los recursos con los que cuentan y el desarrollo de sus aspectos más “sanos”, esperando encontrar una vía de comunicación que no se quede atrapada en los mecanismos habituales de síntomas, enfermedad, queja e impotencia con los que están muy identificados. Pretendemos facilitar la construcción de una narrativa personal con estos mimbres, con los propios y con los de los demás miembros del grupo. El día a día en una comunidad terapéutica de estas características está llena de intensidad emocional, transferencias y contratransferencias, siempre atentos a posibles señales que seguir, posibilidades, encuentros y encontronazos.

Discusión.

Uno de los primeros descubrimientos que hicimos era que el registro en el que entraban los pacientes era inusual en comparación al que estábamos acostumbrados. Los temas de enfermedad y síntomas diversos quedaban en un segundo plano y daban paso a descripciones abiertas y emocionales de las fotos que traían. Encontramos un clima de mucha apertura y de una riqueza de material para trabajar que en seguida comprendimos que iba a trascender los límites del grupo. Se hacía patente que una imagen vale más que mil palabras, trajeron muchas fotos a cada sesión y pudimos hablar sobre la mayoría. Los participantes en el grupo trajeron fotografías pero pudieron traer las historias y las emociones que estaban en aquellas imágenes. Experimentamos la extraordinaria emoción de cómo una imagen corriente a la que no le prestarías ninguna atención, se convertía en una fotografía llena de emoción y de significado cuando su autor o autora te la explicaba.

Uno de los objetivos con esta experiencia es la de alentar a que cada uno vaya construyendo sus propias narrativas personales. Al hacerlo de una manera grupal, los participantes pueden observar y elaborar significados propios a través de las fotos y las experiencias de los demás. Los temas propuestos (la identidad, el entorno, las relaciones personales, etc…) pretenden ayudar a generar una narrativa personal acerca de sus vidas. Construimos narrativas que cobran sentido y son entendibles. Estas narrativas, apoyadas en las fotografías que unos y otros traen al grupo, emergen de una complejidad que previamente estaba en negativo o difícilmente accesible. Al parecer la tarea, traer fotos, y la imagen proyectada, en un primer momento moviliza las ansiedades relativas a qué traer, a cómo contarlo, cómo lo recibirán..., etc. Todo esto organiza el discurso y encamina la experiencia hacia un lugar lleno de sentido.

Puede que ver con otros ojos sea la base de esta experiencia, ver a los pacientes de otra manera, verse ellos mismos y mirar el mundo que les rodea de otra manera, la cámara de fotos como herramienta “traductora” de su mundo interno y externo, y el grupo como espacio de reelaboración del material con el que contactan.

La significación de las imágenes que se puede palpar en el grupo, es algo que ocurre en el aquí y ahora del grupo, es un proceso básico de cambio en la organización subjetiva de los miembros del grupo.

En el siguiente enlace hemos colgado temporalmente un vídeo donde se relata la experiencia: https://hogarizarra.wordpress.com/2015/11/09/grupo-de-fotografia-terapeutica

Javier Gutiérrez Igarza





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Descargo de responsabilidad: He utilizado las imágenes sin ánimo de lucro, con un objetivo de investigación y estudio, en el marco del principio de uso razonable - sin embargo, estoy dispuesto a retirarlas en caso de cualquier infracción de las leyes de copyright.
Disclaimer: I have used the images in a non for profit, scholarly interest, under the fair use principle - however, I am willing to remove them if there is any infringement of copyright laws.