sábado, 14 de abril de 2018

355. Los "enamorados suicidas del Sisga". De insólita psiquifoto, a icono del pop.

En alguna que otra ocasión, además de las "psiqui-fotografías", también otras "psiqui-creaciones plásticas" han tenido su lugar en el blog. Aunque, en ese caso, normalmente se han tratado de versiones "customizadas" de imágenes fotográficas previas, que por los motivos que fueran habían llamado la atención del autor.

Ejemplos de esas trasformaciones los presentamos en alguna entrada anterior, como en la 139. La musa Augustine (I), donde nos ocupamos de alguno de los trabajos gráficos de Marina Núñez y Servane Mary, inspirados en las fotos de Augustine en La Salpetriere y otras. O los "arc de cercle" esculpidos por Louise Bourgeois de la siguiente entrada. Las trasformaciones de fotografías previas también se han dado a través de nuevas reinterpretaciones fotográficas, como las que inspiró el suicidio escenificado por Hippolyte Bayard en 1840, del que nos ocupamos en la entrada "59. Humor, psiquiatría y fotografía".

¿Y toda esta introducción?, pues a cuento de que necesitaba algo para justificar que voy a dedicar esta entrada a un cuadro, mejor dicho a tres, Inspirados, eso sí, en una psiquifoto relacionada con un extraño suceso sucedido hace mucho tiempo. La triste e inusual despedida de una pareja de enamorados, que acabaron abrazos bajo las aguas de un embalse, habiéndose fotografiado horas en aparente alegre pose. Fue su mejor manera de inmortalizar su amor para la eternidad, acompañando a unas breves últimas voluntades. De las circunstancias que pudieron llevar a tan in-feliz pareja a tomar tan triste resolución, al menos yo, poco sé. Para quien quiera conocer un poco más, puede hacerlo aquí.

Pero la historia continuó, dándose a conocer el episodio en la primera plana de algunos periódicos. El primero que lo hizo fue El Vespertino de Bogotá, un lunes, 28 de junio de 1965.


Al día siguiente, El Tiempo, otro rotativo que al parecer no disponía de la fotografía original de los enamorados suicidas, optó por fotografiar la imagen publicada por su colega. El resultado, en cuestión de calidad y detalle de la imagen no fue como para estar satisfechos. Sin embargo, hubo una persona a la que, además de lo inesperado e inquietante de la noticia, la foto llamó poderosamente su atención, precisamente por su falta de contraste y los detalles aplanados de la imagen. Algo resonó entonces en ella, que le hizo recortar apresuradamente del periódico el deslavado retrato.


Y ahí hubiera terminado nuestra historia, si esa persona, hipnotizada por la imagen, independientemente de sus circunstancias acompañantes, no hubiera sido Beatriz González. Pintora colombiana, que encontró en todo ello inspiración para la creación de una de sus obras más emblemáticas.

Una curiosa historia, apoyada en una inesperada fotografía, que me ha mantuvo pensativo frente a ella en el momento que la conocí. ¿Quienes eran?, ¿qué futuro soñaban para ellos?, ¿qué les llevó a fotografiarse y qué pensaban en el momento de posar frente al fotógrafo?, ¿porqué dieron el fatídico paso final?... Sin embargo, no fueron esos, o cualquier otro de los muchos interrogantes que pueden asaltar al espectador, los que motivó que los enamorados suicidas se convirtieran en icono del arte pop colombiano e internacional.


Dicha obra mereció ese mismo año de 1965 un premio especial en el XVII Salón Nacional de Artistas, siendo años después portada de la Revista Colombiana de Psiquiatría. De ese número extraemos la explicación que dio la artista acerca de su obra: "no fue la historia, ni el tema, ni las anécdotas lo que me entusiasmó, sino la gráfica del periódico: aparecen las imágenes planas, casi sin sombra. El espacio está dado por las pequeñas deformaciones y desplazamientos de los rasgos. Estas imágenes se adaptan y corroboraban la idea que yo venía desarrollando en pintura: aquella de que el espacio puede lograrse con figuras planas y recortadas. En las caras quise utilizar el gris de la fotografía y las líneas discontinuas propias de ese tipo de fotografía tipográfica".

Aun así, la insatisfacción personal de la autora le llevó a realizar no una, sino dos versiones posteriores del mismo cuadro. Serie, que en formato de tríptico, pudo verse completa recientemente en la Tate Modern de Londres.


Y para quien hoy desee conocer de frente el cuadro, y a sus malogrados protagonistas, tiene la oportunidad de hacerlo, hasta el próximo 2 de septiembre de 2018, en el Palacio de Velázquez del madrileño Parque del Retiro, donde el Museo Nacional centro de Arte Reina Sofía ha organizado una muestra monográfica sobre Beatriz Rodríguez.

Quizás pueda reflexionar frente a ellos acerca del devenir cultural y artístico de las últimas décadas, o conociendo algo más de las últimas circunstancias de Antonio y Tulia, dejarse interrogar por sus monocromáticas miradas.



BIBLIOGRAFIA.


Martínez Rivera, María Clara, Los Suicidas del Sisga. Rev Col Psiqui. 1998; XXVII(4). Accesible en http://www.imbiomed.com/1/1/articulos.php?method=showDetail&id_articulo=24969&id_seccion=1788&id_ejemplar=2574&id_revista=115






Toro Vesga, María Alejandra. 'Los suicidas del Sisga', obra de Beatriz González, llega a Londres. El Tiempo. 16 septiembre 2015. Accesible en http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-16376124

Aguilar, Jaime. Los suicidas del Sisga. Universo Centro. Septiembre 2015. Accesible en http://www.universocentro.com/NUMERO69/LossuicidasdelSisga.aspx



Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. beatriz Gonzalez. Dossier de Prensa. 2018. Accesible en http://www.museoreinasofia.es/sites/default/files/notas-de-prensa/dossier_beatriz_gonzalez_para_web_0.pdf









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