miércoles, 13 de noviembre de 2019

386. Bulos y noticias falsas, o simplemente mentiras interesadas. A propósito de un caso.

Los bulos y falsas noticias no son una moda nueva, habiendo coexistido, posiblemente desde el origen de los tiempos, con todo tipo de informaciones que hemos ido intercambiado a lo largo de la historia. Y de ese riesgo tampoco se libran nuestras queridas psiquifotos, de lo que hoy daremos un ejemplo.



Su abanico de posibilidades es muy grande, y así, generalmente basados en una aparente y anónima solidaridad grupal, encontramos los más inocentes de todos, empeñados en dejarnos constancia de trucos caseros y peregrinas propiedades de vaya usted a saber qué, o aquellos otros aparentemente altruistas (aunque no por eso menos peligrosos, por ejemplo, en el campo médico) que nos dan todo tipo de consejos e informaciones dirigidos a la resolución de los más disparados problemas. En un orden diferente, generalmente muy interesados, situaremos los más maliciosos, dirigidos a la manipulación ideológica de sus receptores y de los que la propaganda en tiempos de guerra es solo un ejemplo.

Pero ha sido el advenimiento de las llamadas “redes sociales”, tipo Facebook o WhatsApp, lo que ha puesto de relieve su dañino potencial a gran escala. Por una parte, facilitando la propagación de consejos inservibles o incluso peligrosos, como la multitud de (des)informaciones relacionadas con la salud relacionadas con vacunas, dietas, o tratamientos alternativos. Por otra, la aparente facilidad con la que se puede llegar a manipularnos, como parece sería el caso de las últimas elecciones norteamericanas o el referéndum sobre el Brexit que, independientemente de haber sido totalmente acertadas en cuanto a los resultados, se sustentan en la constatación de la existencia de campañas perfectamente diseñadas y orquestadas para manipular la forma de pensar de las personas, influyendo a hurtadillas sobre ellas. En este caso, creo que mejor que hablar de bulos o noticias falsas, mejor debiéramos referirnos a “mentiras interesadas”, con todas las letras.

El mecanismo y la facilidad con la que este tipo de noticias calan en nosotros, muchas veces actuando como inconscientes propagadores de las mismas (“viral” es el término que ha venido a describir el fenómeno, incapaz de ocultar su connotación infecciosa), se apoya en mecanismos psicológicos hace ya tiempo reconocidos. Por ejemplo, sabemos que las aparentes noticias que generan mayor credibilidad, por irreales que sean, son aquellas que confirman puntos de vista previos propios de la persona que las recibe, que se ve así gratificada con el refuerzo de sus convicciones. Convicciones que buscan reforzarse, aún más, a través del rebote acrítico de la información recibida a su agenda de contactos (al menos a los que sospecha no se rebotarán con su recepción), lo que amplifica la penetración/consolidación social de la idea subyacente.

Pero todo esto, aunque bien sabido, no evita que muchas personas, como en el caso de los virus, se protejan de ellos o eviten su propagación con prácticas preventivas. Así que dejémoslo estar ahí.

Un ejemplo de esas falsas noticias.

Me ocuparé ahora de un curioso ejemplo de una de estas noticias, recientemente recibida en mi teléfono en forma de conversación en un grupo de amigos, y que ya adelanto como relacionada con la historia negra que arrastra la psiquiatría en relación con sus prácticas.

La conversación abajo reproducida tuvo lugar entre un grupo de colegas profesionales. El mensaje me lo dirigía una buena amiga, que vio en la imagen material muy interesante para este blog, de ahí la referencia que hace a “psiquifotos”. Y tenía razón, porque no deja de ser impactante la susodicha imagen, aderezada además con una explicación que daba en el clavo de dos asuntos controvertidos: el papel de la psiquiatría como reguladora social (incluida, ya de paso, la referencia al inquietante electrochoque), así como la reivindicación feminista frente al sometimiento al esposo.



Pero algo no cuadraba en la historia, y no era solo la horrible redacción acompañante, muy sugerente de una rápida y descuidada traducción latinoamericana del inglés, pero que sin embargo no frenó a mi entusiasta colega reenviarme el mensaje creyendo a pies juntillas en su veracidad.



Conversación de WhatsApp acerca de una insólita imagen, falsamente atribuida.

Empeñado en constatar la veracidad o no de la historia, tomé como primera pista la terrible redacción a la que aludo, traduciéndola de vuelta al inglés y realizando con eso una búsqueda en Internet. Fue un pleno de la misma, pero sin embargo aquello lo que aparentemente hacía era solo confirmar que la noticia era verdadera si confiaba en el título de la página que lo publicaba, “Imágenes en la Historia”, de reminiscencias académicas.


Igual que lo confirmaba otra página, esta vez aparentemente de noticias generalistas (actionnews3) , aunque el resto de improbables y estrafalarias reseñas ya nos ponían sobre aviso de lo que realmente iba.



En cualquier caso, independientemente por ahora del asunto de su veracidad o no, el gran número de reproducciones de la noticia que encontramos a partir de ahí, junto a su explicación acompañante, nos confirma la gran capacidad de amplificación de la noticia, reproducida sin ninguna variación y rebotada luego por los visitantes sin otro criterio que el sensacionalismo.

El siguiente paso para encontrar alguna otra referencia explicativa de la coqueta risueña, fue hacer una simple búsqueda en Google con la misma imagen, y en una de esas di con la referencia original de dónde provenía. Ahora, para no tentar más la paciencia del respetable, resumiré simplificando el origen de la imagencita de marras, aunque, de las páginas y archivos consultados, no queda claro el origen de las imágenes.

Hay quien atribuye su procedencia a Het Leven, revista ilustrada holandesa, de importante contenido sensacionalista. Recientemente se ha hecho público su banco de imágenes y ahí encontramos la que nos estamos ocupando, junto con otras 4, ubicándolas en 1937 en “la escuela de sonrisas de Budapest”, sin ninguna otra información relevante añadida ni fecha exacta en las que fueron publicadas.



Pero si, de un salto, nos plantamos al otro lado del océano, nos encontramos que la revista Life, el 6 de septiembre de ese mismo año, también publicó un pequeño artículo que incluía tres de las anteriores fotografías, a las que acompañaba un bonus de otras cinco imágenes diferentes acompañadas del texto que traduzco a continuación.

BUDAPEST, “CIUDAD DE LOS SUICIDIOS”, EDUCADA A FORZAR UNA SONRISA.

Un bromista en Budapest, Hungría, ha desarrollado recientemente la "escuela de sonrisas" que se muestra en estas páginas. La idea era contrarrestar la mala publicidad que la ciudad ha recibido por su alto número de suicidios, supuestamente inspirados en la canción de Budapest “Domingo sombrío”. La tasa de suicidios es muy alta. Botes patrulleros se encuentran amarrados día y noche a lo largo del Danubio, cerca de los puentes de Budapest, para rescatar a los ciudadanos que intentan acabar con su vida ahogándose.

La escuela de sonrisas es un engaño respaldado por el "Profesor" Jenö y un hipnotizador llamado Vincze. Afirman que cobran hasta $ 500 por enseñar la sonrisa de Roosevelt en seis semanas. La sonrisa de Mona Lisa es más difícil, pero más barata. Jenö ahora tiene 45 estudiantes. Asegura que un mejor negocio es permitir que los alumnos sonrían naturalmente".



Noticia en Life, 6 septiembre 1937.

Noticia que, poco después, siguió viajando a lo largo de los océanos para reproducirse también en Australia.


Noticia en The Sunday Times (Perth), 17 octubre 1937.

Y si aquella “broma” voló de aquella manera, adquiriendo la categoría de “noticia”, a pesar de su origen, ¿qué no podemos esperar hoy en día con los recursos a nuestra disposición? Capaces incluso de reconvertir una de esas burlas, dándole la vuelta para transformarla en una mucho más alarmante historia que la original. Como en el caso que nos ocupa, echando más leña al fuego de la ya a veces inquietante historia de la psiquiatría o la siempre injusta subyugación de la mujer.

Antes de acabar y por intentar dejar un buen sabor de boca, no puedo hacerlo sin intentar sacar una sonrisa de quien haya llegado hasta aquí, y para ello nada mejor que una parodia de la foto que ha originado el escrito. A ver quien encuentra la diferencia con el original…


Pero, sobre todo, tengamos la lección bien en cuenta y recapacitemos antes de dar al botoncito de “reenviar”.






BIBLIOGRAFIA.



Image show a 1930s housewife forced into ‘smile therapy’. Action News. Accesible en http://actionnews3.com/1930s-housewife-forced-into-smile-therapy

Fotografías de la escuela de sonrisas Archivo de Het Leven, 1937. Accesibles en https://www.geheugenvannederland.nl/en/geheugen/results?query=subject+all+%22Lachscholen%22+AND+(isPartOf+any+%22SFA03%22+)&facets%5BcollectionStringEN%5D%5B%5D=Photo+collection+illustrated+magazine+Het+Leven+(1906-1941)&page=1&maxperpage=36&coll=ngvn

Budapest, ‘City of Suicides,’ Is Taught to Force a Smile. Life, 6 Sep. 1937: 62–63. Accesible en https://books.google.hu/books?id=vkUEAAAAMBAJ&lpg=PP1&pg=PA62&redir_esc=y&hl=es#v=onepage&q&f=true

City of suicides becomes city of smiles. The Sunday Times (Perth). 17 octubre 1937. Accesible en https://trove.nla.gov.au/newspaper/article/58792515

Brisini, Travis. The practice of smiling: facial expression and repertory performance in Professor Palmai’s “school for smiles”, Text and Performance Quarterly, 2017; 37:1, 1-19, DOI: 10.1080/10462937.2016.1262966




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Descargo de responsabilidad: He utilizado las imágenes sin ánimo de lucro, con un objetivo de investigación y estudio, en el marco del principio de uso razonable - sin embargo, estoy dispuesto a retirarlas en caso de cualquier infracción de las leyes de copyright. Disclaimer: I have used the images in a non for profit, scholarly interest, under the fair use principle - however, I am willing to remove them if there is any infringement of copyright laws.

1 comentario:

Unknown dijo...

Un ejemplo de rigor el de tu indagación sobre el origen de la foto.
Veo que la persona de la foto ha cambiado a un "black mirror", ingenioso.
Fernando S.