lunes, 2 de mayo de 2011

186. Explicaciones de Marañón sobre la teoría de los locos como modelos.


En la anterior entrada dejamos a Don Gregorio Marañón abrumado por la repercusión que tuvo, a nivel mundial, la divulgación del experimento fotográfico que realizó, en 1954, con los enfermos del hospital toledano del Nuncio.

Llegado 1956, el 20 de mayo, en su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Don Gregorio Marañón abordó el tema de “El Toledo del Greco”. Hizo entonces una extensa referencia al debate suscitado por los locos modelos, a la vez que se inhibía de responsabilidad alguna en la publicación de las fotos. Alegando que antiguamente los locos eran designados como “inocentes”, conjeturó que esa inocencia pudiera ofrecer al espectador transcendencias sobrehumanas imposibles de sentirse o fingirse siendo “personas normales”. Motivo este que hubiera llevado al pintor a buscar ese fuego espiritual, la expresión de santidad o heroísmo, entre las paredes del Nuncio en aquellos que se creían héroes o santos.



Explicaciones que vemos ampliadas en su espléndida obra “El Greco y Toledo”, puesta a la venta durante los primeros días de 1957 y merecedora al mes siguiente de uno de los galardones entregados por el Instituto Nacional del Libro Español a los volúmenes mejor editados en 1956-57. En sus páginas leemos:

Yo, y otro cualquiera, hubiera podido hacer un número de ‘cuadros vivos’ disfrazando a locos y a cuerdos con el pergeño y vestidos de los Apóstoles… Esto es justamente lo que no me interesaba, sino tratar de encontrar en los enajenados del Toledo actual, vistos sin artificio indumentario y teatral alguno, o quizá con muy leve adobo cosmético… la expresión de arrebatado misticismo de los modelos del gran pintor... En cuanto al otro aspecto del sencillo experimento, éste evidenció también la agudeza del Greco, si, como el estudio de sus lienzos hace probable eligió, en efecto, como modelo de algunos de sus santos a los enajenados; quizá dejándoles crecer barbas y cabellos, como yo también lo hice, pues entonces no sólo estaban los dementes pelados al rape como ahora, sino afeitados a navaja la cabeza y la cara, lo mismo que los galeotes, según nos cuenta Tirso de Molina”. Un leve adobo cosmético, que más adelante denomina pasatiempo, que le permite concluir: “El Greco pintaba locos, no me cabe duda, porque tenía la intuición de la proximidad del desvarío a la santidad… Claro es que esta hipótesis es compatible con que en otros casos pudieran ser hombres o mujeres normales los modelos de sus figuras hagiográficas… Nótese que los modelos de locos se utilizan para los santos varones y no para las santas mujeres; y así debe ser, porque el paso del genio a la locura es mucho más frecuente en el varón que en la mujer; en ésta, la locura, como la borrachera, tiene muchas más veces un sentido de enfermedad lamentable y sin la posible grandeza que en el varón”.



El texto incluye en sus páginas algunas de las ya famosas fotografías, entre ellas a “un inocente del Nuncio que piensa que es San Pedro”, retrato especular de “Las lágrimas de San Pedro” (imágenes seleccionadas igualmente para ilustrar la sobrecubierta del libro, tal fue la importancia de la idea propuesta).









Además se intercalan tres láminas con unos mosaicos compuestos por retratos alternantes de los Apóstoles del Greco y algunos enfermos mentales “toledanos de hoy, huéspedes del Nuncio”, de quienes asegura no haber “querido disfrazar de Apóstoles… sino mostrar que son los mismos en la morfología y en la exaltación expresiva”. Un objetivo sin duda visualmente cumplido, pero que no llegó a convencer a todo el mundo.



Fragmento de la reseña que Leopoldo Panero realizó sobre el libro "El Greco y Toledo". De las otras pocas críticas de la época que he encontrado hasta el momento sobre el libro, salvo para alguien a quien parecería "discutible" la teoría, parecería que la mayoría prefirió obviarla pasando por alto cualquier referencia a la misma.

A modo de descargo, posiblemente ante la abrumadora atención mediática recibida, “hiperetésica publicidad de hoy” la califica, sobre sus propuestas y experimentos, Marañón se disculpa y justifica en el libro. Aclara primero que la primacía de la hipótesis pertenecía exclusivamente a Manuel Bartolomé Cossío (Haro, 1857 – Madrid, 1935), gran estudioso del candiota que en 1908 había publicado una magnífica obra sobre su biografía y producción artística. Añade seguidamente que él había sido ajeno a la publicación de las fotografías, dando en ese momento excusas semejantes a las que, tal como veremos más adelante que redacta Marañón, parecería había dado Cossío años antes.


El origen de la idea.

Para justificar la atribución de la idea a Cossío, Marañón se refiere a un par de comentarios en el libro del primero acerca del aspecto e impresión que le daban algunos de los personajes reproducidos por el pintor. Cossío, sin explicitar en ninguna de esas citas que los modelos del Greco fueran realmente asilados del Viejo Nuncio, utilizó calificativos como “aires de enajenados” para algunas de las figuras de sus cuadros y al referirse a sus “Apostolados” (fueron varias las series de apóstoles pintadas por el cretense) escribía: “el límite máximo de excitación, desequilibrio y anormalidad, en cuanto a figuras aisladas, ha de buscarse en el apostolado de San Pedro Mártir … Del obsesionante y aterrador San Bartolomé… no cabe decir más que es un loco furioso, escapado del antiguo y célebre Hospital del Nuncio, allí vecino, porque es imposible traducir con más verdad que lo hace aquel alucinado Apóstol el completo extravío de las facultades mentales”.


San Bartolomé, con su monito encadenado.

Descripción en la que Marañón va más allá, quizás dejándose llevar por el entusiasmo retórico, al incluir en la misma el aspecto del pequeño demonio que le acompaña (“también enajenado y sujeto con cadenas como los locos del Nuncio”).

Pero de la contemplación desinteresada del cuadro no podemos dejar de preguntarnos en qué podría basarse alguien para hacer una aseveración similar, no revistiendo el pobre apóstol característica alguna desde nuestro conocimiento actual de la psiquiatría para tal diagnóstico, sin duda más poético que clínico. En cualquier caso, si fueron solo esas las pruebas que tenía Marañón acerca de lo que pensaba Cossío, no parecen suficientes para asegurar nada en este sentido, ya que parecería más se trata de expresiones literarias que realmente sugestivas de que Manuel Bartolomé Cossío, a quien quizás le chocase especialmente el aspecto del santo que le prestó el nombre, considerara que el Greco tomara por modelos de carne y hueso a los enajenados del Nuncio.



Manuel Bartolomé Cossío. Profesor de Historia del Arte en la Universidad de Barcelona y posteriormente catedrático de Pedagogía Superior en Madrid y Director del Museo Pedagógico. Figura fundamental en la Institución Libre de Enseñanza tras la muerte de Francisco Giner de los Ríos. Autoridad en pedagogía, su obra sigue siendo una referencia fundamental en ese campo. ¡El parecido con el extraviado San Bartolomé parece no limitarse únicamente al nombre!

Así lo aclararía también Marañón, aparentemente de forma contradictoria, al decir en otro lugar que Cossío en este tema “hizo una sugestión delicada y no ninguna afirmación”. Aún así, aunque la mayoría de críticos internacionales no consideran y ni siquiera citan como posibilidad la hipótesis de los locos como modelos, son varios los autores posteriores que, basándose exclusivamente en las citas dadas por Marañón en “El Greco y Toledo”, parecen mantener que Cossío también tenía esa presunción. Referencias que a veces se reproducen incluso citando como fuente documental lo que no es más que una errata aparecida en el libro de Marañón.



Errata en la cita de Marañón al texto de Cossío donde se hace referencia unas equívocas fotografías.

La referencia a la página 280 del tomo II de la obra de Cossío (cuando realmente debiera ser a la página 380 del tomo I), dificulta contrastar el párrafo original citado por Marañón, obviamente al no encontrarse en el lugar en que se busca.



Texto original de Cossio en el que vemos a que fotografías se refería (de cuadros), así como la página real donde aparece, también de diferente tomo.

Solo cambiando de tomo y página podemos aclararnos de que las fotografías a las que aludíamos un poco antes y por las que Cossío se habría excusado en 1908 según Marañón, realmente no tuvieron nada que ver con ningún tipo de experimento similar al de los locos disfrazados (algo que podíamos suponer erróneamente por el contexto en el que inserta la cita Marañón). Realmente la referencia es a una nota a pie de página, en la que Cossío anuncia la circulación liberal y publicación en revistas nacionales y extranjeras de algunas fotografías, realizadas por primera vez en aquellos años a alguno de los cuadros del cretense precisamente para el libro.

Descartado que Cossío hiciera experimentos fotográficos similares a los de Marañón, volvamos de nuevo a la teoría de los locos como modelos. Una hipótesis que generalmente se pasa por alto venía de mucho antes de la realización de sus polémicas fotografías en 1954. Pero de eso nos ocuparemos otro día.

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La serie completa relacionada con los locos del Nuncio, El Greco y Marañón:

181. Vida Provinciana. Una tarde entre locos.
182. El Greco, Marañón y los locos del Nuncio de Toledo.
184. El experimento psiquifotero de Marañón.
185. Repercusión mediática de las psiquifotos de Marañón.
186. Explicaciones de Marañón sobre la teoría de los locos como modelos.
187. La evidencia que tenía Marañón.
188. El pensamiento que tendría Cossío.
189. Rizando el rizo del Nuncio.
190. Un souvenir del Nuncio Nuevo.

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BIBLIOGRAFIA.

Don Gregorio Marañón ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Su discurso versó acerca del tema “El Toledo del Greco”. La Vanguardia. Martes, 22 mayo 1956, p. 4.




Marañón, Gregorio. El Greco y Toledo. Espasa-Calpe, Madrid, 1956.


Libros nuevos. Marañón G: El Greco y Toledo. ABC (Madrid). 24 enero 1957. p. 44.

Fernández Almagro, M. Marañón, su Greco y su Toledo. La Vanguardia Española. 30 enero 1957. p. 9.

Fernández Almagro, M. El Greco y Toledo. ABC (Madrid). 3 febrero 1957. p. 69.

S.C. El Greco y Toledo. Hoja oficial del lunes. 11 febrero 1957. p. 6.

Diálogos sobre el libro “El Greco y Toledo”, de Marañón. ABC. 29 marzo 1957. pp 37-38.

De la Serna, V. Marañón, Toledo y “El Greco”. ABC (Madrid). 8 mayo 1957. p. 13. ABC (Sevilla) 9 mayo 1957. p. 7.





Cossío, Manuel Bartolomé. El Greco. Madrid: Victoriano Suárez, 1908.





Cavero de Carondelet, Cloe. Ficha sin título. En Marías, F. De Carlos Varona, M.C. Carrobles, J. (Eds.). El Greco: Los Apóstoles. Santos y “locos de Dios”. Fundación El Greco 2014. Toledo, 2010. pp. 196-199.

Marías, Fernando. Los apóstoles del Greco entre ayer y hoy: de modelos ejemplares a “locos de Dios”. En Marías, F. De Carlos Varona, M.C. Carrobles, J. (Eds.). El Greco: Los Apóstoles. Santos y “locos de Dios”. Fundación El Greco 2014. Toledo, 2010. pp. 15-51.

Lavín, Ana Carmen; Carrobles, Jesús. Cien años del Apostolado del Museo del Greco: el experimento de Marañón y otras propuestas. En Marías, F. De Carlos Varona, M.C. Carrobles, J. (Eds.). El Greco: Los Apóstoles. Santos y “locos de Dios”. Fundación El Greco 2014. Toledo, 2010. pp. 101-125.

García Melero, Enrique. Una mención historiográfica: Marañón, el apostolado de El Greco y la locura. En Arte y pensamiento en la Edad Moderna y Contemporánea. Accesible aquí.




Martínez Azumendi, O. El Greco, Marañón y los locos del Nuncio de Toledo. Norte de Salud Mental. 2011, IX (39):93-102. Accesible aquí.












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