lunes, 16 de abril de 2012

224. Señales del vacío: un cuarto libro maldito.

A finales del mes pasado escribíamos sobre el manicomio de Tenerife con ocasión del anuncio que hacíamos del próximo XXV Congreso de Salud Mental de la AEN. Entonces pudimos conocer el aspecto que la pequeña institución tenía en el primer tercio del siglo XX y prometíamos el reencuentro con ella en una entrada del máximo interés psiquifotero. Será hoy cuando conoceremos a algunos de sus moradores y el ambiente institucional al inicio del último tercio del mismo siglo, gracias a un libro con una historia muy especial.

Algún viejo psiquifotero quizá recuerde que ya hace tiempo (sí, parece mentira como pasa) publiqué una serie de entradas sobre una trilogía de libros a los que califiqué entonces de “malditos”. Fueron el argentino “Humanario” (1976), el coreano “Psychpaths” (1987) y el español “La espiral de la mente” (1998). Todos ellos con el dudoso mérito de haber sido retirados de la distribución por diferentes razones una vez impresos.

Hoy tendremos la ocasión de ampliar la galería de "libros malditos" con otro título, proveniente precisamente de Tenerife. Fue editado en 1978 por el Excmo. Cabildo Insular de Tenerife para, de la misma, ser almacenados todos sus ejemplares en algún oscuro local donde desde entonces parece ser siguen acumulando polvo.

Había oído acerca de la existencia de ese libro en la misma isla, en una visita que hice a principios de 2010 con ocasión de unas Jornadas Científicas organizadas por la Asociación Canaria de Neuropsiquiatría y Salud Mental, anfitriones ahora del XXV Congreso Nacional. Entonces tuve oportunidad de participar con una presentación psiquifotera, lo que propició que alguien me hablara del libro “Señales del vacío”. Intenté conseguir un ejemplar a través de Internet sin resultado, hasta que afortunadamente César Estévez (alma mater, junto a Esther Sanz, del imprescindible blog de salud mental “Saltando muros”), me ayudó desinteresadamente a conseguir una copia.

Finalmente llegó a mis manos hace ya un par de años, cuando me propuse no descubrir mi tesoro foto-bibliográfico hasta estar bien cercano el Congreso. Es decir unas semanas antes de los ya próximos 6 a 9 de junio, cuando podría utilizarlo para apoyar a unos buenos colegas y amigos, anunciando el encuentro e intentando dar un empujoncito final hacia Tenerife a posibles participantes indecisos. En aquellas fechas, César me explicaba a vuela pluma algo sobre el libro con palabras que ahora reproduzco agradecido:

"Me alegro de que ya lo tengas en tu poder, la verdad es que el libro tiene un gran valor histórico-humanístico-artístico, las fotos están tomadas con mucha sensibilidad pero no dejan de ser tristes y descarnadas.... siempre hablamos que esos pacientes se ven casi como el material y las instalaciones del centro: rotos y almacenados, más objetos que personas.

Al parecer el libro con esas imágenes, poesías y pensamientos se logró editar debido a que venía avalado por el Dr. Carlos Pinto Grote (padre de uno de los autores y psiquiatra del centro con relevancia en el mundo cultural de las islas) pero nada más publicado (me imagino que la imagen del centro y las instituciones que lo gestionaban no quedaba muy bien) se retiró de la venta al público aunque sí que se podía solicitar por catálogo, posteriormente desde el Cabildo se dio la orden que se dejara de vender alegando que había pacientes vivos retratados y no había constancia de autorización de sus tutores para difundir las imágenes (...)

Lo cierto es que a alguno de los pacientes del antiguo manicomio yo los conocí (se ven evidentemente más jóvenes en las fotos), algunos fueron derivados a centros más pequeños (muchos gestionados por ONGs y órdenes religiosas) y otros han ido falleciendo, estas instalaciones ya no existen (se desmantelaron y en su lugar se construyó el nuevo edificio URA/USA de rehabilitación y subagudos) donde trabajamos nosotros y que depende del Hospital Universitario de Canarias (SCS), también se construyó un edificio donde actualmente se sitúa la unidad de Psicogeriatría (donde todavía hoy hay al menos 2 o 3 pacientes de los que se hace mención en el libro) y la Unidad de Alzheimer dependientes estas del IASS (Cabildo), además queda un solar donde van a levantar otro edificio de primaria con un área especifica de rehabilitación psiquiátrica... En la actualidad nuestras instalaciones ya no tienen nada que ver con lo mostrado en ese libro pero es cierto que en el subconsciente colectivo la imágen que viene a la cabeza de las personas que hablan del centro y no lo conocen sea quizás esa... la estructura se ha modernizado y es muy similar a un pequeño hospital actual...

Cuando miramos esas fotos hay una sensación agridulce, especialmente entre el personal más veterano... sin lugar a dudas las fotos no engañan y la situación, inaceptable a todos los niveles, ha ido a mejor (era imposible ir a peor quizás), pero ha habido mucho esfuerzo para, en esas condiciones, dar un trato humano a estas personas y muchos de los profesionales de aquella época así lo hacían. Son fotos de una época pasada (...no hace tanto) que no debe volver, pero que nunca debemos olvidar y quizás por eso tu blog sea tan valioso para las personas que trabajamos en Salud Mental.

Saludos!

César M.


Las fotografías que siguen a continuación (me temo que sin hacer mucho honor a su aspecto original por el matiz azulado con el que las he re-fotografiado), son solo algunas de las que su autor, Ángel Luis de la Cruz, seleccionó para el libro. Las originales fueron reproducidas en un generoso formato que las realza y van acompañadas de algunos textos y poesías de Carlos E. Pinto, Pepe Rivero y Zaya que redondean el resultado final. Las estampas captadas, que recuerdan mucho a los trabajos fotográficos que por aquellos años se habían publicado en Italia, son una mezcla de reportaje documental, denunciando la situación vivida intramuros, pero disparado desde la mirada del artista que engrandece al sujeto retratado, independientemente de la triste situación en la que este quedaba encuadrado.

El tema de la confidencialidad y el necesario respeto a la intimidad ya lo comentamos en otra ocasión anterior, considerando que censurar un trabajo como el que hoy nos ocupa en base a esas consideraciones no deja de parecer un débil pretexto para ocultar así la dramática realidad vivida por los individuos a los que pretendidamente se busca proteger.































BIBLIOGRAFIA.


De la Cruz, A.L. Señales del vacío. Excmo. Cabildo Insular de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 1978.



Facio, S. D’Amico, A. Cortázar, J. Humanario. La azotea. Buenos Aires, 1976.







Atta, K. Psychopath. Sunyoung Publishing Co. Seoul, 1987.



Escolar, S. La espiral de la mente. Fondo Artístico Lydia Escolar. Burgos, 1998.









Martínez Azumendi, O. Serrulla Vangeneberg, L. Siglo y medio de psiquiatría a través de la fotografía italiana. Frenia. 2008. VIII: 183-206. Accesible aquí.











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3 comentarios:

Maia dijo...

Las ganas que ponés en lo que hacés resultan contagiosas. Siempre que salgo de tu blog me pregunto por qué no habré estudiado psiquiatría. La vida también es un espiral. Bueno, es lógico a fin de cuentas.
Un saludo.

Blog salud mental dijo...

Un saludo Óscar, nos vemos en el Congreso!

César M.

Anónimo dijo...

La verdad que con psiquiatras como usted, da gusto estar loco. Saludos desde la Argentina buena!.