martes, 18 de septiembre de 2012

238. Relaciones fotografiadas: 1) Midnight.

Poco a poco los días se han ido acortando, señal inequívoca de que la vuelta al cole estaba al caer, y con ella el retorno de nuestras queridas psiquifotos. Para empezar entonces con buen pie, nada mejor que la pequeña serie con la que inauguramos el curso. Son tres historias, en cinco libros, que nos hablan a través del visor de la cámara de la relación humana y afectiva entre dos protagonistas principales. Por un lado la persona que dispara el obturador, por otra el sujeto retratado, este de una especial resonancia afectiva para el fotógrafo.

En uno de los trabajos, el que presentaremos hoy, es una fotógrafa cantante (Arlene Gottfried) quien deja constancia de la evolución psíquica y física de aquel amigo (Midnight) que conoció casi dos décadas antes, bailarín y agradable conversador en el que progresivamente la enfermedad esquizofrénica fue dominando su existencia.

En otro, que le seguirá, es una hija (Amanda Tetrault) la que retrata a su padre (Phil), aquejado de esquizofrenia, a lo largo de los años. Con una especial significación de imágenes de “fotomatón” tomadas junto a él en una especie de reiterativo juego dirigido a garantizar la permanencia de la relación.

Por último, el trabajo de un fotógrafo (Kent Klich) interesado en retratar el devenir vital y asistencial de una mujer toxicómana (Beth). Proyecto fotográfico que cristaliza igualmente en una profunda relación personal que permitió la realización de dos nuevas publicaciones, publicado años después de la primera.

En definitiva, una serie de libros que nos hablan, en imágenes, no solo acerca de la evolución observable en tres personas con una enfermedad mental aparentemente devastadora, sino de la importancia que estas tienen para otras personas de su entorno inmediato. Rescatando de esta manera otros significados de su existencia más allá de lo meramente visual de su presencia, algo en lo que demasiadas veces quedamos atrapados sin dar un paso más para contextualizar afectivamente a aquellas personas que por los motivos que fueran quedan excluidas de nuestro sistema de valores.

Pero dejemos ahora que sea Irantzu Gonzalez Llona quien, como en otras ocasiones, nos presente a los protagonistas de las tres historias.


Arlene Gottfried nació en Brooklyn, se graduó en el Fashion Institute of Technology de Nueva York, y trabajó como fotógrafa en una agencia de publicidad antes de trabajar de forma independiente y publicar en las revistas más importantes del país. Gottfried ha expuesto en Nueva York, Tokio, Washington, DC… y ha recibido numerosos premios, incluido el concurso Berenice Abbott Internacional de Fotografía Documental de la Mujer. Como profesora y maestra, vive y trabaja en Nueva York.

Un día no muy diferente a otro conoció a una persona que cambiaría su rumbo. Ella, quizás intuyendo el arte, o quizás dejándose llevar por el momento, le fotografió cada vez que le veía. Año tras año. Y la compilación de esas fotografías es el libro que hoy traemos. Imágenes dispuestas en orden fotográfico, tal y como la autora las ha expuesto, del paso de los años en un buen amigo. En la introducción a este trabajo, ella misma lo explica todo:

“Midnight se convirtió en un amigo en el verano de 1984. Me invitó a un club oscuro donde se estaban representando danzas y poesías. Midnight tenía un montón de historias coloridas que contar para ser una persona tan joven.



Ismael, su verdadero nombre, había visto a su padre sólo ocasionalmente. Él y su hermana fueron criados por una mujer blanca y él se escapó de casa a los 13 años. Como forma de sobrevivir, trabajó en todos los ámbitos que pudo y viajó por muchas ciudades de EEUU. También estuvo una vez en prisión por robar un banco.

Después de conocernos mejor mutuamente, esa noche Midnight se retiró.

Aquí está una fotografía de él cuando se parecía a Jesús, con el pelo muy largo y la mirada perdida. En aquél momento deliraba, aunque yo entonces no lo sabía. Cuando empezó a contarme la historia de la crucifixión y a decirme que “¡El momento es ahora!” me sentí muy nerviosa y asustada. Nada tenía ningún sentido.




La mañana siguiente, llamaron a mi puerta: ahí estaba Midnight, con un traje hecho de bufandas y otros complementos de colores. Sujetando una espada japonesa de madera. Midnight dijo que iba a ir a andar a Canadá.





Este episodio culminó en el momento en que se encontraba en la parte superior del puente Williamsburg, decidido a saltar al río. La policía le bajó y le llevó al hospital Bellevue. Midnight me llamaba desde allí, donde estuvo hospitalizado durante varios meses antes de restablecerse y volver a su propio ser.






El ciclo de Midnight era ponerse enfermo, ser hospitalizado o encarcelado, tomar medicación y visitar a los especialistas, y después convertirse en miembro de un programa de terapia. Cuando obtenía estas ayudas, parecía que podía funcionar por un tiempo. Entonces, algo iba mal y las voces empezaban a decirle que tomara un bus a California o a cualquier otro lugar.






Cuando llegaba a su destino, hacía algo drástico, como la vez que prendió fuego a su propia mano y vagó kilómetros sin agua ni comida hasta que alguien llamó finalmente a la policía y una ambulancia se lo llevó. Entonces, todo volvía a empezar.






Descubriría más tarde que esta gentil y sensible alma sufría esquizofrenia. Como amiga, traté de ayudarle: cuando se escapaba del hospital yo siempre le hacía volver. Iba con él a las oficinas de la Seguridad Ciudadana para intentar conseguir su bienestar, aunque tuviera que pasar un día entero para que fuese visto por alguien…






Ayudar a Midnight era un cometido extenuante. Algunas veces, estaba muy bien y podía mantener un trabajo, pero otras veces su enfermedad volvía y él salía corriendo.






Había ocasiones en las que su sentido del humor brillaba. Sus ganas de jugar y su gusto por las películas, el arte, la música, la danza y el cante eran totalmente contagiosos. Incluso escribía algunas canciones country que me cantaba. Desde algún lugar de su silencio y observación, él poseía una aguda intuición y gran sensibilidad para la vida.





En 1987, su hermana murió por VIH dejando cinco hijos. Eran la única familia de Midnight, y él no les había visto desde el funeral. Un día, busqué sus teléfonos y se los pasé. Descubrió que varios de ellos tenían serios problemas con la justicia. Me lo contó por teléfono y su voz sonaba muy triste.






Había veces que desaparecía durante meses. Algunos días cuando yo llegaba a casa encontraba que había dejado un mensaje en el contestador. Podía estar llamando desde el vestíbulo o desde cualquier lugar en los EE.UU.





El pasado invierno, se presentó tras meses de haber vivido sin techo. Se le veía tan deteriorado que no supe qué había hecho. Le di algo para comer.






Tiempo más tarde, estaba montada en un autobús y le vi por la ventana. Bajé corriendo para hablar con él. Se le veía mucho mejor, él mismo había ido a un refugio en el que se había aseado, cambiado de ropa y cortado su largo pelo.






Por un tiempo, estuvo viviendo en una residencia supervisada que él sentía como su hogar. En ocasiones, volvía a viajar (a veces viajes de fin de semana a Washington DC o Atlantic City y otras veces viajes más largos a San Francisco o New Orleans).






Pero ahora Midnight lleva desaparecido más de un año. Llamó hace unos pocos meses para pedir comida y dinero para volver a NY. Su residencia le envió un billete de autobús, pero cuando el éste llegó a la estación, no estaba en él."






Tras veinte años invertidos en su fabricación, Midnight muestra la dignidad innata de un individuo en su lucha por superar la enfermedad mental. Cincuenta impresiones fotográficas muestran los dramáticos cambios en fortuna y salud de este hombre.





Las fotografías de Midnight están fechadas desde 1984 hasta 2002, y expuestas en orden cronológico (también en el post). El libro se editó en el año 2003 y, por primera vez, se mostró fuera de los EEUU un trabajo que planteaba cuestiones sobre cómo atender a las personas con problemas de salud mental.






Gottfried muestra a Midnight de muchos modos: juguetón, tímido, sencillo, consciente de sí mismo, con los ojos desorbitados y distante... Las imágenes revelan un individuo vacilando peligrosamente entre la lucidez y la locura, mutando entre la fuerza de la juventud y la desorientación propia ya de una edad, y otra vez de vuelta en unos pocos años aterradores.







Una visión de vida, de años, el seguimiento de un amigo y su aceptación por parte de Gottfried con sus virtudes y sus defectos. Cuando él se iba, ella le añoraba con preocupación. Cuando volvía, estaba allí para ayudarle. Una dinámica que siguen hoy en día muchas familias mientras ven que con el tiempo, como cualquier persona, quien sufre una enfermedad mental envejece, va ganando cicatrices con cada lucha y algunas van atenuándose con los días tranquilos.






"Las fotografías me ponen triste porque sé que Midnight es cálido y suave, que el alma es inteligente, y también sé que cuánto sufrió él." Arlene Gottfried




¿Qué habrá sido de él? ¿Dónde está?...

I.G.L.



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La serie completa relacionada con las "Relaciones fotografiadas":

238. Relaciones fotografiadas: 1) Midnight.
239. Relaciones fotografiadas: 2) Phil and Me.
241. Relaciones fotografiadas: 3) The book of Beth.
242. Relaciones fotografiadas: 4) Picture imperfect.
243. Relaciones fotografiadas: y 5) Where I am now.

250. TOC, TOC, TOC... 1) A la sombra de las cosas.

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BIBLIOGRAFIA.


Gottfried, A. Midnight. PowerHouse Books. New York, 2003. Accesible parcialmente aquí.








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