jueves, 29 de noviembre de 2012

246. Anónimas psiquifotos muy personales.

En algunas de las últimas entradas he andado ocupándome de un tipo particular de fotografías, precisamente aquellas dedicadas no a retratar los diferentes cuadros psiquiátricos, sino a las personalidades del ámbito de la psiquiatría que a lo largo de la historia se han dedicado a estudiarlos. Psiquirretratos que, más allá de ilustrar pasaportes o álbumes familiares, trascienden del ámbito personal de sus protagonistas para convertirse en testimonio documental del aspecto externo de aquellos a quien conocemos por sus escritos, conservándolos para el futuro y eventualmente convertirlos en objeto del deseo de coleccionistas y cazadores de autógrafos.

Pero no sería justo que cerráramos esta serie de psiquirretratos sin una referencia también al resto de profesionales anónimos que, con mejor o peor fortuna, acierto o actitud, han dedicado sus esfuerzos al cuidado de los enfermos mentales. Personas desapercibidas para la historia, pero no por ello anónimas para su círculo más cercano de familiares, amigos y compañeros de trabajo. Personas que han deseado (y deseamos) congelar para el recuerdo momentos y efemérides especiales. Es a través de esas cándidas imágenes por la que también podemos hacernos una idea de la existencia y desenvolvimiento cotidiano y laboral de miembros de las plantillas asistenciales.

Este tipo de imágenes abundan en los álbumes familiares, condenados por otra parte a la desaparición con la llegada de la fotografía digital, a la vez que solo ocasionalmente las encontramos en publicaciones más o menos formales.

Por acotar un poco más la entrada de hoy e ilustrarla con algunos ejemplos personalizados, utilizaré algunas imágenes que en algún momento fueron valioso patrimonio de las personas allí retratadas.

La primera, es una imagen tomada en el Hospital de Danvers (Massachusetts), en lo que parece ser su administración. El hospital, inaugurado en 1878, fue construido según el modelo Kirkbride y ha inspirado el imaginario social a lo largo de décadas hasta su reciente demolición. Sus muros han sido escenario de alguna que otra peli de miedo, así como inspiró a Lovecraft para describir el sanatorio de Arkham, que a su vez da nombre al tenebroso manicomio de la serie de Batman, de igual forma que ha ejercido una especial atracción para los amantes de la fotografía de edificios abandonados.

Desconozco la fecha en la que fue tomada la instantánea, pero seguro que su datación será tarea fácil para las personas versadas en esos asuntos, dada la variedad y cantidad de accesorios y utillaje secretarial que aparece en la foto. Lo único que sé, es que la fotografía era conservada por una mujer, familiar de una de las tres que aparecen en la fotografía y cuyo nombre, Doris Gyrian, está manuscrito en el reverso. Finalmente la imagen paso a manos de un vendedor en internet de quien la conseguí por el módico precio de 4,9 $ Y a partir de ella, cada uno es libre de recomponer la historia de las relaciones y cotidianeidad de los trabajadores retratados. Lo único que sabemos es que para alguien la fotografía si tuvo un especial significado que merecía la pena recordar, aún a espaldas de la Historia con mayúsculas.



Otro ejemplo que viene aquí a cuento es un pequeño librito, en formato y páginas, editado en 1931 con el patrocinio de un Banco local de Vermont, que pretendía aparecer como el Banco “del Retiro”.


El “retiro” era una institución psiquiátrica afincada en Brattleboro cuyos orígenes se remontan a 1836 y que ostentó cierto prestigio basado en el tratamiento moral que inspiraba su funcionamiento, y como ejemplo del mismo el “Asylum Journal”, primera publicación editada regularmente por pacientes a lo largo de varios años (1842-46).

Volviendo a nuestro pequeño folletito, entre sus páginas encontramos retratados algunos lugares no habitualmente recogidas en memorias ni antologías históricas, pero que sin duda fueron y son escenario ocupacional de un gran número de personas directa o indirectamente implicadas en el cuidado de la enfermedad mental, incluso modestos personajes imprescindibles en el funcionamiento institucional que difícilmente llegan a ser reconocidos públicamente.




Pero lo que más valor tiene para mí en el ejemplar que llegó a mis manos por casualidad, son las anotaciones manuscritas que su antiguo propietario hizo entre sus páginas. La primera de ella, fechada un sábado de 1931 parece identificarle como mujer, Sarah Cubert.


Más adelante, encontramos señalada alguna persona significativa para Sarah.



Y entre las personas retratadas alguien muy especial, su propia madre al parecer encargada del flamante nuevo comedor de la institución, así como el garaje donde su padre (no sabemos si también empleado del sanatorio) guardaba el coche. De igual forma que aparece señalado el edificio donde todos ellos vivieron un par de años. Una práctica habitual en las instituciones manicomiales hasta fechas recientes, donde se ocupaban familias enteras en diversas tareas.




Sé que en algún lugar tengo que tener alguna que otra curiosidad en este sentido, pero por ahora nos tendremos que conformar con lo que he encontrado.


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La serie completa relacionada con los "psiquirretratos":

232. Retratos de psiquiprofesionales.
244. Psiquirretratos coleccionables.
245. Psiquirretratos autografiados.
246. Anónimas psiquifotos muy personales.
247. "Cada una de estas caras representa una medicina de la locura".

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BIBLIOGRAFIA.


With Interest. Vol. III, n. 3. October 1933.












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