martes, 26 de julio de 2016

321. La colchonería.

En alguna ocasión he incluido en el blog alguna que otra referencia a artículos publicados en la prensa escrita de épocas pretéritas, obviamente de aquellos acompañados de la oportuna iconografía fotográfica. A nuestros ojos son especialmente chocantes los dedicados a relatar visitas a diferentes instituciones manicomiales, cuasi turísticas y casi siempre un pelín irrespetuosas. Algunos ejemplos fueron las entradas sobre las visitas a Leganés y el cura Galote, al “Nuncio” de Toledo, o a la Casa de Orates chilena.

Sigo atento a este tipo de publicaciones, que ya referencié más en extenso en el trabajo que cito más abajo en la bibliografía, aunque sigo encontrando de vez en cuando nuevos ejemplos que no dejan de sorprenderme, bien por la dureza de las condiciones reflejadas o bien precisamente por lo contrarío, recordando más a un “publirreportaje” que a un artículo de investigación periodística. Todos ellos sazonados con la inevitable colección de pintorescos o inquietantes personajes, quienes parecerían realmente los principales protagonistas o foco de interés del texto.

En esta ocasión, la inesperada visita es al manicomio de Extremadura, y quizás no hubiera conseguido atraer mi atención para el blog si no fuera por la imagen de los enfermos trabajando en el campo rellenando colchones de paja.Una curiosa imagen, no tanto por el hecho de retratar a los pacientes trabajando (una práctica muy extendida y cuya supresión hay quien apunta fue uno de los motivos económicos que propició la desinstitucionalización), si no por el tipo de trabajo realizado. Ya sabemos también por algunas de las imágenes publicadas en el blog que las grandes instituciones psiquiátricas contaron con importantes talleres laborales, incluidas en algunos lugares la “colchonería” (como refleja el álbum de Montevideo de la entrada 85), posiblemente siendo el propio hospital su principal cliente.

Colchonería del Manicomio Nacional de Montevideo. ca. 1900.

Pero en la imagen de hoy, tomada de una visita realizada en 1928 al Manicomio Provincial de Mérida, lo que vemos no es un taller propiamente dicho, bajo techo, si no a los pacientes trabajando en el campo, elaborando colchones rellenos de paja.


Del artículo no podemos saber la utilidad de dichos “colchones”, es decir si eran colchones propiamente dichos sobre los que acostarse directamente, o si se trataban de jergones sobre los que apoyar realmente el colchón de lana.

Es claro que para las instituciones más pobres, o para los enfermos menos afortunados, era el colchón de paja el lujo más accesible: “…en el centro de esta dependencia, también conocida por el departamento de sucios, se encuentran las camas para los decúbitos y los que padecen incontinencia de orina, construidas de madera, rellenas con paja de pelaza de avena y cubiertas con una sábana sobre la que descansan los exaltados, abrigados con una ó dos mantas, según la crudeza del tiempo, y más ó menos sujetas á favor de la argolla y las correas…”. “Las camas son por lo general de madera ó de hierro, todas ellas están provistas de jergón de paja, dos sábanas, dos mantas regulares y su correspondiente colcha. Los pensionistas distinguidos y los de primera, segunda y tercera. clase, tienen sus habitaciones particulares con una ó dos camas, tanto mejor ataviadas, cuanto mayor sea la pensión del alienado” (Ciempozuelos, 1888). Cuando no el lecho era directamente sobre la paja, como se denunciaba en fechas aun no tan lejanas en alguno de nuestros hospitales.



Aunque también había regulaciones, generalmente para hospitales generales, que indicaban la necesidad de asegurar a sus pacientes el jergón de paja como apoyo al colchón propiamente dicho: “ART. 13. En cada sala habrá el número' de camas suficientes conforme la higiene aconseja, cuyas camas serán de hierro y estarán surtidas de jergón de paja de maíz, un colchón, hules, dos sábanas, dos mantas, una colcha de abrigo ó ligera según la estación y dos almohadas, teniendo cada cama el servicio escusado y completo á las necesidades del enfermo” (Valladolid, 1893).

Y para quien quiera entretenerse con el artículo completo junto a sus otras dos imágenes acompañantes, ahí queda ahora a disposición de los posibles interesados. Dulces sueños a todos.






BIBLIOGRAFIA.



Marín Pérez, Andrés. Ciempozuelos. En Guía de Madrid y su provincia. Escuela tipográfica del Hospicio. Madrid, 1888.



Reglamento para el régimen interior del hospital provincial de Valladolid. Imprenta de L. Garrido. Valladolid, 1893.




Otero Seco, Antonio. Reportaje de Extremadura. Una visita al manicomio provincial. Estampa, 5 de marzo 1928.




Martín Arnoriaga, T. El terrible caso del psiquiátrico de Valencia. Sábado Gráfico, nº 807 de 18-11-1972. pp. 31-35.










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