domingo, 6 de julio de 2014

275. Guillermito les habla hoy.

Días atrás lanzaba una petición de ayuda a los cuatro vientos cibernéticos, solicitando información sobre publicaciones periódicas producidas y/o editadas por personas con una enfermedad mental desde cualquier tipo de servicio psiquiátrico. Pocos días después recibía noticia desde Venezuela de una particular producción de características con las que yo no contaba en un principio.

La amable comunicación e imagen correspondiente me la enviaba un ya viejo amigo y conocido de psiquifotos, el Dr. Ricardo Castro que también anteriormente compartió con nosotros la entrañable historia de la vendedora de responsos.

En esta ocasión el asunto también tiene que ver con uno de esos peculiares y "chirenes" personajes que pueblan y de alguna forma humanizan algo más nuestras ciudades. Y, como quiera que la historia tiene que ver como digo con la serie de los "chirenes", aprovecho para incluirla y con ella compartir la imagen de una de las hojas periódicas que "Guillermito", su protagonista, editaba y vendía por las calles de la histórica villa venezolana de Calabozo. Desde luego que no es el tipo de publicación que tenía yo en la cabeza cuando solicitaba ayuda, pero me alegro doblemente de haber recibido noticia de ella, tanto por conocerla como por descubrirme un nuevo formato de publicación que no había tenido en cuenta.



Ahora, yendo más allá de la mera noticia de la existencia de la hojita, la curiosidad nos dirige hacia el propio Guillermito, a quien Ricardo Castro conoció y nos explica algo de su breve y singular existencia:


GUILLERMITO

Guillermito parecía un personaje escapado de un comic, tanto por sus rasgos fisonómicos como por los de personalidad. La cabeza era como un globo y sus ojos como dos faros de un automóvil, cada uno alumbrando para lados diferentes. Tenía un moderado hipertelorismo ocular. Su cuerpo nunca pudo ponerse derecho, siempre inclinado a uno u otro lado, casi siempre con un antebrazo sobre su cabeza, desgarbado caminaba en zigzag. Parecía que danzaba, y así deambulaba por todo el pueblo, desde las 7 am hasta las 9 pm. Llevaba un bigotito delgado, a lo Carl Gable. Era menudo (no pasaría de 1,55 m), delgado. Su timbre de voz era nasal y algo disártrica, como la de los borrachos, pero nunca bebió licor ni fumó cigarrillos. Era moralista en extremo y tenía un sentido ético natural que siempre estaba presente en los cuentos y fábulas que él creaba.

Su escolaridad fue breve, llegaría hasta tercer grado de primaria, no lo toleraron en la escuela, pero leía y redactaba bastante bien. Como su coordinación motora (fina y gruesa) era torpe se le dificultaba escribir y mandaba a otras personas que escribieran por él, mientras les dictaba. En una oportunidad tuvo un episodio psicótico que mejoró rápidamente.

El rasgo más sobresaliente de su personalidad era la perseverancia o terquedad, jamás aceptaba una negativa a alguna solicitud suya, porfiaba tanto que lograba lo que se proponía: argumentaba, suplicaba, intentaba culpabilizar y si no lo conseguía así se tornaba furioso, amenazante, hiriente y, no pocas veces, violento. Además, como tenía mucha energía no se cansaba nunca de insistir con ímpetu.

Tenía muy poco control de sus impulsos amorosos y estaba continuamente intentando toquetear a las muchachas, pero si alguna le proponía satisfacer sus deseos sexuales (por burlarse) se asustaba. En realidad era ingenuo. Muy ingenuo. Tierno. Afectuoso. Luego de que fastidiaba, hacían reír sus ocurrencias. Nadie se esperaba que una persona de esas características tuviese un razonamiento sorpresivamente inteligente.

En una oportunidad le regalaron una camisa elegante y se la ponía todos los días. Alguien le comentó que dejara esa camisa para un día especial y le contestó rápidamente: “hoy es un día especial”. Por este tipo de ocurrencias caía simpático a pesar de su pegajosidad. La gente lo fue tolerando y la mayoría le tenía afecto.


Periodista entrevista a Guillermito

No había reunión pública donde no estuviera Guillermito. En la iglesia, los días importantes allí estaba él y en primera fila, saludando a todos como si fuese el personaje más destacado. Cuando el arzobispo invitaba a dar la paz, era inevitable no saludar a Guillermito, a pesar de ese olor a sudor que no lo abandonaba. Le atraían mucho las conferencias de los intelectuales, por lo que en las reuniones del Ateneo nunca brilló por su ausencia. Leía toda publicación que llegaba a sus manos y llenaba cuadernos de poesías, cuentos, fábulas. Por ello un periodista le aconsejó que las publicara, entonces se le metió en la cabeza hacer un periódico e insistió en el Concejo Municipal para que se lo editaran… imposible que le dijeran que no… Guillermito sacó un tríptico y, no faltaba más, lo tituló Guillermito les habla hoy. Le ponía precios elevados, pero los vendía todos. Lo que se ganaba lo utilizaba para ayudar a “Papelón”, otra persona con enfermedad mental (mayor que él) que también deambula por el pueblo y a quien protegía, le celebraba cumpleaños y demás atenciones.

Irene Saez, Miss Universo 1981, visitó el pueblo andando de campaña electoral para la presidencia de la República y por supuesto, nuestro querido personaje no podía dejar pasar esta oportunidad para saludar a tan hermosa visitante y entregarle unas flores. En un descuido de la dama Guillermito le tocó los glúteos, anduvo presumiendo de esta travesura algún tiempo. Alguien le regañó por el tan impropio acto ciudadano. Algo avergonzado se excusó diciendo: “ella no supo que fui yo”.


Irene Saez (Miss Universo 1981) Recibe Flores y la revista "Sale el Sol" (de la Fundación Programa de Salud Mental de Calabozo) de las manos de Guillermito.

Otro de sus lugares preferidos fue el parque de La Aguada, adyacente a su hogar, donde por cierto fue encontrado muerto en un día de enero. No sabemos la causa del deceso. No pasaba de 22 años de edad. Sorprendió la cantidad de personas e instituciones que se acercaron a la humilde vivienda para dar un adiós a Guillermito. Las coronas de flores no cabían en la salita donde estaba la urna, un mariachi le toco las canciones que más le gustaban y en la iglesia de su parroquia (Las Mercedes) se le hizo una misa de cuerpo presente en la que el Sr. Cura pronuncio unas palabras de despedida que a todos conmovió.



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La serie completa relacionada con los chirenes:

218. De chirenes y vagabundos.
219. “Cabesita de Ajo”.
220. Chirenes clásicos de Bilbao.
222. La loca de Arrikibar.
223. Txomin.
227. A., el clochard del Sagrado Corazón.
228. Madriles.
230. Una “bag lady” chirene.
268. Psiquiatría comunitaria prístina: La vendedora de responsos.
275. Guillermito les habla hoy.

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